// Viernes, 6 de Junio de 2008 //
> Los grillos

Parábamos en bares medio vacíos pegados a la carretera donde los aldeanos bebían quintos de cerveza con la ropa manchada de tierra. Las televisiones transmitían programas con tipos limpios y con un acento que jamás escuchábamos en la calle, un acento que se perdía entre el zumbido inmutable de los grillos. Sin reloj y sin saber en qué carretera comarcal estaba, tenía la sensación de que las noches de verano eran eternas, solitarias, ajenas al mundo y llenas del gozo que me agitaba cuando percibía la insignificancia de los pequeños animales que éramos en mitad de un planeta que atravesaba la oscuridad.

Esta mañana he visto "Gas", de Hopper y he escuchado de nuevo aquellos grillos que cantaban en verano.

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// Miércoles, 6 de Febrero de 2008 //
> La memoria fijada

Tras la explosión, el cuerpo queda en el suelo y parece estar muerto. Camilleros, médicos y policías se mueven entre los restos de la normalidad esparcidos por la calle y, de pronto, alguien se da cuenta de que aquel cuerpo está vivo aún. El hombre herido en el suelo levanta la mano, puede que para cubrirse la cabeza o taparse los ojos en un gesto primario de desesperación ante la muerte. Un policía interpreta que quiere activar el cinturón de explosivos que lleva consigo y dispara a ese cuerpo roto como si matara a un perro. Al recibir la bala, la mano que se mantenía en el aire como última señal de vida cae a plomo.

Dentro de muchos años, el hijo del guerrillero muerto verá esas imágenes, conocerá el nombre del asesino de su padre. Sentirá que todo debe seguir y que esa guerra, aunque haya acabado, tiene que continuar para él. Y será un hombre con una meta que lo aleje de la tristeza gris que nos cubre a todos los que vimos cómo su padre moría con la mano en alto. <
// Viernes, 11 de Enero de 2008 //
> La educación y la mercadotecnia

No quiero tu asqueroso periódico gratuito. Me dan igual tus ballenas varadas, las fotos mierdosas de tus lectores, los putos hábitos alimentarios de los españoles o el IPC. No necesito saber nada de eso.

Me dan igual tu mundo, tus noticias y tus desgracias.

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// Lunes, 1 de Octubre de 2007 //
> Las madrugadas

Hace casi un mes que no duermo más de cuatro horas o cinco cada noche. Conozco cada anuncio de teletienda y a cada presentador de los telediarios nocturnos. De noche parece no ocurrir nada en el planeta; cada sesenta minutos se suceden las mismas noticias como el mantra hipnótico de un mundo que se hubiera detenido hace varias horas. Veo las mismas gordas quejándose de sus casas inundadas, de que alguien le ha pegado a sus hijas o diciendo que algún asesino era un vecino muy bueno que siempre la saludaba. Nada importa en esas madrugadas y las opiniones aún menos. Las imágenes de la pantalla son la acuarela macilenta de nuestra soberbia, de la podredumbre de estar vivos.

Apago el televisor y enciendo la radio. Un guardia de seguridad con voz de idiota le explica al locutor la importancia de sus tareas de vigilancia, cómo su amargado gremio ofrece a la sociedad servicios que ni la policía puede dar. Termina comentando que los ciudadanos no comprenden su trabajo y que los guardias de seguridad son injustamente marginados. El locutor le responde con una cadena de tópicos y vuelve a abrir el micro a otra llamada. Una mujer con acento andaluz y voz de gorda llama asesinos a todos los guardias de seguridad porque a su hijo lo apalearon en la puerta de una discoteca. La mujer cada vez se encoleriza más y termina llamando hijos de puta y cabrones a los guardias privados. El locutor corta la llamada y contesta con otra retahíla de tópicos sobre la libertad de expresión y el respeto, usando una voz mema y temblorosa, como de no saber en qué bando definirse, de no tener claro si entre sus oyentes hay más guardias de seguridad imbéciles o gordas tristes. <
// Sábado, 18 de Agosto de 2007 //
> La radio

En una emisora cortada por las interferencias, oigo esta madrugada una de mis canciones favoritas de “Ten years after”; se llama As the sun still burns away .

A thousand cities in the night
Each one waiting for the light
Ten million people plan their day
As the sun still burns away

As the earth just spins in space
People plan their daily race
As the sun still burns away

Few say "Thank you for the day"
All the people in their ties
Forget to look up at the sky
they exist another day
As the sun still burns away

I wonder just how long we\\\'ll last
When the final die is cast
Every day brings forth the time
When the sun forgets to shine
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// Miércoles, 9 de Mayo de 2007 //
> Las marcas

Palabras y palabras llenando páginas, pantallas, pintando monitores, hojas de libros, manchando de un hollín turbio e innecesario que va despidiendo el alma al rozarse con la vida.

Pudiera ser que, en realidad, no tuviéramos nada que decir, que eso que tú escribes o esto que yo tecleo no sirviera para nada, para nada más que nuestro egoísmo, ni tan siquiera para hablar de nuestras soledades, de los fracasos que nos van marcando la piel como el látigo azaroso que nos golpea cada día cuando aún no hemos conseguido levantarnos. <
// Miércoles, 2 de Mayo de 2007 //
> Las fronteras de la piel

En la irreal sala de familiares de las urgencias del hospital nadie se sienta junto a otro de los que esperan. Para que no nos hablen, no huelan nuestros miedos, no escuchar el dolor ajeno, todo elegimos asientos que nos alejen unos de los otros. En el zen estúpido del desasosiego y la ansiedad, la cabeza vuelve a nosotros por la tortura de una megafonía que se odia y se anhela.

Converso con el borracho que se ha sentado junto a mí; me habla de Bilbao, del hospital de Cruces y sé que no queremos estar ninguno aquí, y no sé si aquí es el hospital, la ciudad o nuestra cabeza. En los auriculares que casi hacen sangrar mis oídos, Fermín Muguruza me redime gritando “Hator, hator, mutil, etxera”; que nos vayamos a casa, donde el padre ríe, la madre está alegre y las castañas se asan en la lumbre. <
// Domingo, 15 de Abril de 2007 //
> Lazy Sunday

Dar gracias al Señor por el sol, por Dizzy Gillespie y Roy Eldridge tocando como si tuvieran que alejar cualquier atrevida nube de este cielo tan azul como el de los antiguos anuncios de película Kodak.

Happy sunny sixteen <
// Miércoles, 11 de Abril de 2007 //
> El hombre

Mira. El hombre intranquilo que espera bajo el paraguas en la parada de taxis tiene miedo, un miedo indeterminado, tan gris como el agua de los charcos y la cara de los conductores de autobuses. Teme llegar tarde, o pronto, o terminar de leer el insípido periódico gratuito antes de que llegue el taxi que lo saque del centro. Tiene miedo de que entre la caótica cola alguien le diga que estaba antes o que perderá un tren si no coge el próximo taxi.

Tiene miedo de nosotros. Del azar que llevamos tatuado en la cara. <
// Miércoles, 4 de Abril de 2007 //
> Las mil caras del verdugo

Sobre las calles que uno decidió no recorrer, de los atajos en los que nos perdimos, de las palabras que buscamos en diccionarios disléxicos, sobre los tipos ridículos que despreciamos o de las pastillas que nos salvaron en el último minuto cuando confesamos que no éramos tan listos como creíamos.

Pensar, teorizar sobre la miseria de hacer que te oigan, de ese instante arrebatador en que sabes que vas a gritar y no debes. Al final, estábamos hablando de la soledad. <
// Miércoles, 28 de Marzo de 2007 //
> Las canciones

Mientras compro en el supermercado comienza a sonar por el hilo musical “Born to be wild” de los Steppenwolf. Las madres compran yogures con frases escritas en latín en la etiqueta, da igual que ponga “L. casei immunitas” o “Helicobacter pylori” y detergentes con compuestos cuyos nombres harían palidecer de vergüenza a cualquier guionista de serie B. El lenguaje lo puede todo.

Las palabras son armas para mostrar y ocultar, para callar más que decir; detrás de esas denominaciones científicas no hay más que miedo, un pavor primigenio a lo que somos, a lo que nos arriesgamos todos los días. Esa palabrería es el hoplon con el que pretendemos resistir a un enemigo invisible que está en todas partes, a un adversario feliz y motivado que está cantando por el hilo musical del supermercado “…Fire all of your guns at once / And explode into space” <
// Sábado, 17 de Marzo de 2007 //
> La construcción del deseo

En un momento, Héctor mira los apedreados ventanales y me pregunta si el viejo edificio abandonado donde reparaban grandes locomotoras con hermosos motores Diesel era una iglesia, pero poca fe que no sea la del consumismo más integrista queda en los alrededores del nuevo centro comercial. Hace años paseábamos por allí viendo cómo salían los trenes hacia el Norte, y los mirábamos con la conciencia de ser algo que a nuestro mundo de adolescentes de clase baja no le correspondía. Hasta que nos echaba algún guarda aburrido, observábamos a los viajeros que se despedían en los andenes abrazándose igual que en los anuncios de colonia o los que esperaban dignos como oficiales británicos en la India fumando un pausado cigarro mientras leían el periódico en una mesa del bar de la estación. El deseo, la vida, habitaban en alguna tierra al final de los raíles que se disolvían entre los atardeceres anaranjados que pintaban la mugre y las colmenas de nuestros barrios.

Ahora no hay que esperar al deseo ni pensar en su lejanía; el centro comercial lo ofrece todo con el “right here, right now” que se ha convertido en bandera. Todo está medido y predispuesto para que los deseos pasen por la caja registradora, para que nada turbe la liturgia del capitalismo. Como esos niños pequeños que lloran en misa incomodando a los feligreses, de cuando en cuando, suena en el centro comercial la alarma de robo de una tienda y algún adolescente sale a la carrera. La paz me estira la sonrisa pensando que no todos adoran a los mismos dioses y que en la iglesia de las tarjetas de crédito aún alguien corre resoplando como hacían las grandes locomotoras con hermosos motores Diesel. <
// Jueves, 15 de Marzo de 2007 //
> Nadie más extraño

Viejos y niños que andan por mitad de los días soleados, sin mancharse con las prisas que saltan de alma en alma como si fuéramos una estampida de singularidades.

Nadie más extraño que lo que fuimos o seremos. <
// Martes, 13 de Marzo de 2007 //
> Nosquera, 11

Tan banales de comprender a veces como aquellas distinciones entre significantes y significados son los contenidos y los continentes. Las cosas, lo físico, lo tangible se mueve con más limpieza entre estos conceptos tan humanos de lo que nuestras desabridas cabezas esbozan y atomizan en su esfuerzo militar por reducir para entender. Los continentes devienen en contenidos como serpientes con pieles nuevas, como paisajes tras terremotos.

Las casas abandonadas, los espacios dejados, iluminados por las vidas nuevas que van arribando, los continentes con sus significados rehabitados frente a los abogados de la rutina. Todos somos ahora Nosquera, 11. Ve. <
// Jueves, 22 de Febrero de 2007 //
> Las letras y los textos

Oigo entre las mentiras de los diarios que a alguien lo acaban de procesar por un artículo, hablo de poesía con un amigo y termino acordándome de libros que me sacan fuera de todo esto, repaso las páginas de gente a la que respeto cuando escribe y Monmagan me pide que le cuente el día en que me encontré con Allen Ginsberg.

Puede que las letras sigan teniendo esa capacidad inquietante de codificar como una cábala armada, de ocultar para exhibir, de ser nosotros sin piedad, arrojados a la violencia de estar vivos. <
// Viernes, 22 de Diciembre de 2006 //
> Las luces

Hubiera escrito hace días que la luz amarillenta de las farolas en la carretera luchaba contra los indescriptibles colores del atardecer pero he sabido en ese momento que no existía conflicto alguno, que ahora no encontraría palabras para narrar ese acorde perfecto de tonos, que ningún fotómetro podría darme la exposición correcta para captar ese sol yéndose tras el monte. Que todo esto sólo es un día más.

Who is the leader of the club / That is made for you and me? M-I-C-K-E-Y M-O-U-S-E! Hey there, hi there, ho there, / You are as welcome as can be! M-I-C-K-E-Y M-O-U-S-E! Mickey mouse! Mickey Mouse! Forever let us hold our banner high! (High, high, high!) Come along and sing the song / and join our jamboree! M-I-C-K-E-Y M-O-U-S-E! <
// Lunes, 27 de Noviembre de 2006 //
> Las resistencias

Hay que resistir a un día como hoy, resistirlo y resistirse. Mira, estos días no son más que antesalas, zonas de esperas de trenes, vidas y aviones que llegan o parten, de topografías íntimas trazadas por el loco que decreta quién te hablara más de la cuenta en el autobús, cuál va a ser tu enemigo mañana o quién será tu hijo.

Esperar no es, en sí, ni bueno ni exasperante; lo peor es su asociación vil con el tiempo, siempre finito, siempre irresistible. <
// Jueves, 23 de Noviembre de 2006 //
> Todas estas cosas que son

Recordé en varios momentos ayer que era el aniversario de la muerte de mi padre.

Mi madre me preguntó por teléfono qué había comido, que no me acostara tarde y que arreglara la casa. Yo no le dije nada de lo que tenía en la cabeza, ella no me dijo nada de lo que sabía que yo estaba pensando. No se me ocurre mejor ejemplo de comunicación. <
// Martes, 21 de Noviembre de 2006 //
> Las canciones para mañana

Jesus\' blood never failed me yet never failed me yet Jesus\' blood never failed me yet this one thing i know that He loves me so Jesus\' blood never failed me yet never failed me yet Jesus\' blood never failed me yet this one thing i know that He loves me so Jesus\' blood never failed me yet never failed me yet Jesus\' blood never failed me yet this one thing i know that He loves me so Jesus\' blood won\'t fail me yet won\'t fail me yet won\'t fail me yet Jesus\' blood never failed me yet never failed me yet Jesus\' blood never failed me yet this one thing i know that He loves me so Jesus\' blood never failed me yet never failed me yet Jesus\' blood never failed me yet this one thing i know that He loves me so Jesus\' blood never failed me yet never failed me yet Jesus\' blood never failed me yet this one thing i know that He loves me so Jesus\' blood (won\'t fail me yet) blood (won\'t fail me yet) His blood (won\'t fail me yet) Jesus\' blood (won\'t fail me yet) His blood (won\'t fail me yet) won\'t fail me yet (won\'t fail me yet) Jesus\' blood (won\'t fail me yet) His blood (won\'t fail me yet) His blood won\'t fail me (won\'t fail me yet) this one thing i know that he loves me so

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// Viernes, 3 de Noviembre de 2006 //
> Los regalos

La lluvia moja los sucios eucaliptos del camino y el mundo deviene en un fragante caramelo.

Las pastillas azules me dicen que ese va a ser mi único regalo hoy. <
// Lunes, 23 de Octubre de 2006 //
> Las voces

Pulso el botón de mi contestador automático para ver quién ha dejado un mensaje y aparece una voz extranjera repitiendo con un patrón fijo de tiempo la misma frase en un idioma que no comprendo. Tras los siete toques fijados que mi contestador espera antes de descolgar, sonaría la voz ausente de entonación que saluda y que ya traía disponible desde el día que lo compramos, sonaría un pitido y el contestador que estaba al otro lado de la línea susurró sus palabras en una lengua extraña cada cinco segundos, hasta agotar el tiempo del mensaje. Un mensaje que no he entendido.

Otro éxito en la batalla contra aquello tan banal que nos enseñaron en las facultades acerca de los elementos del proceso comunicativo. <
// Sábado, 7 de Octubre de 2006 //
> Los centrismos

Leo el libro “Historia de la lingüística” de Jiri Cerný y siento la tristeza de todas las ausencias con las que nos han ido enseñando; la cultura, la sabiduría es solo un arte de discriminar, un ardid de filtros y puertas políticas que otorga y desposee calidades y cánones. Entre las páginas de Cerný encuentro lugares, conceptos, en los que ya he estado pero con otros nombres y alfabetos, algo parecido a lo que percibía al pasear por la Karl Marx Alle berlinesa después de haber visto el Pałac Kultury i Nauki de Varsovia.

Durante mis años de Filología aprendí cientos de nombres de estudiosos indiscutibles, todos occidentales, y nada de las brillantes corrientes que la lingüística adoptaba más allá del Checkpoint Charlie. Me pregunto ahora dónde habrán ido todos esos libros, todos esos saberes, si todo habrá dejado de tener sentido. Si será ahora mercancía para los turistas. <
// Lunes, 4 de Septiembre de 2006 //
> Textos

Ahora, en nuestra nueva miseria, pensamos que cada historia debe estar llena de palabras, que no hay más texto que la línea tras la línea, la letra que sigue a la otra en un trabucado intento por interpretar sonidos, por representar soplos de aire. El texto es superior a eso.

Cada palabra es una marca de que no somos más que las historias que nos rodean. La letra, esta cultura, el texto escrito es solo un intento fallido, incompleto. <
// Miércoles, 26 de Julio de 2006 //
> > Años

Más años y cada vez menos adultos. Los hemos engañado a todos, Ana.< <
// Lunes, 17 de Julio de 2006 //
> Disparos

Vivir entre las ráfagas. El tío Manolo me habla de objetivos Carl-Zeiss y de la crueldad de las fotografías, de su despreciable realidad poco misericorde. De pronto, Ana coloca videos con una canción de Jeannette; se me llena el mundo al fin como si toda la terbutalina del planeta me hubiera estallado en los pulmones. Bienvenido al orbe de los vivos.

No sé dónde comer hoy, ni qué autobús cogeré y confío en las pastillas de mi bolsillo, en Jeannette, en Jimmy Somerville y Marc Almond, en el golpe de calor que me lamerá la cara al salir como una puta a la que hubiera pagado por hacerlo. <
// Lunes, 10 de Julio de 2006 //
> Los relojes

Durante dos mañanas despierto sin saber qué día es. Luego hago fotos por los polígonos vacíos.

Los lugares y las personas que esperan a los langoliers. <
// Domingo, 2 de Julio de 2006 //
> El tiempo

Los días que dan igual, el tiempo que se para, el sabor del valium bajo la lengua.

Todas las horas que me faltan. <
// Jueves, 15 de Junio de 2006 //
> Lo restante

Las palabras que no escribo y las imágenes que no fijo, las veces que no disparo la cámara o me siento ante el teclado, yéndose.

Esperar un substantivo que lo inscriba todo, un sunny-sixteen que me llene tanto los ojos como esas fotos de Ed Rusha. En eso estamos. <
// Martes, 13 de Junio de 2006 //
> La explicación

Con frases sueltas, fragmentadas y tópicas, dichas con la costumbre amarga de quien habla solo, la anciana le va contando a su hijo retrasado mental rasgos minúsculos sobre el mundo que le circunda; que si hay demasiados coches, que si toda la gente sale a la misma hora, que si nadie piensa en ir más temprano o más tarde. En la mirada oligofrénica y turbia del chico se puede leer la tranquilidad de un planeta entero explicado por una sola persona, sin incoherencias ni altibajos.

La información, la saturación, no nos hace más listos. <
// Martes, 6 de Junio de 2006 //
> Los recorridos

Escribir es irse y volver, unas veces con palabras y otras sin ellas. Como el loco que transita de su mundo al nuestro, pasan los días en que no quiero escribir y llegan las horas en que necesito describir. Con el andar del tiempo, me acerco gozoso a lo que más odiaba hace años cuando tenía que leer algo, las descripciones de los paisajes. Miro una vez y otra “Moonrise over Hernandez”, sus tonos y esquemas, las casas, las nubes, y no puedo más que pensar que nuestra obligación en el planeta es describir, narrar, contar con palabras o imágenes, sumar nuestras vidas. Decir qué hemos visto.

No me interesa ese “instante decisivo” cuando miro detrás de lo que ven mis ojos; los paisajes cuentan sus instantes decisivos en lo que los humanos llaman años. <
// Martes, 16 de Mayo de 2006 //
> La selección

La chica que reparte el periódico gratuito lee en las caras de la gente mejor que el más experto de los psicólogos; sabe quien tiene ganas ese día de perder quince minutos leyendo los anodinos titulares de las agencias y quien no está para saber nada del resto del mundo.

Muchas mañanas, al verla, pienso si ella habrá leído el periódico que me ofrece. <
// Viernes, 12 de Mayo de 2006 //
> El comienzo

Los albañiles medio dormidos esperan comenzar sus obras sentados en un escalón, leyendo los periódicos de deporte, fumando tabaco negro, mirando malvados a las dependientas que se dirigen a las tiendas de ropa del centro. Una de las chicas lleva un ajustado mono blanco y unos altos zapatos de tacón; al pasar le gritan algo a lo que ella ni vuelve la cabeza.

La escena se repite cada mañana en el mismo sitio, casi en el mismo minuto; como si de un espeso reloj de hastío, carne, esperanza y deseo se tratara. <
// Miércoles, 3 de Mayo de 2006 //
> El prado

Unos trigales que se movían al compás del “sunny-16” que me marcaba el fotómetro y toda la poesía del sistema de zonas derramándose por paisaje.

Nada tan hermoso va a llenar mis ojos esta semana. <
// Viernes, 21 de Abril de 2006 //
> Las llegadas

Me envían imágenes de Euzkadi y, entre ellas, veo la silueta del Anboto. El olor de la fábrica de papel y el sonido de la txalaparta en los soportales de Durango me sacan de la cabeza.

Reconozco a un niño con el que jugaba hace treinta años en la facciones del taxista que me lleva a casa. Se lo digo y, en mitad de su asombro, me habla de que recuerda el taller lleno de máquinas de mi padre y mi carro de cojinetes. Con los ojos fuera del tiempo que nos circunda, me cuenta que fue feliz en aquel taller. Y supe que nunca volveríamos a ser tan dichosos como entonces, que teníamos una tierra un espacio que nos unía y nos nombraba.

Ana habla de Santa Julia, de la cárcel, y de las bombas. De noche me duermo sonriendo mientras en la cabeza me suenan los versos del divino Aresti: maldan behera doa aguro nire gorputz biluzia… <
// Martes, 11 de Abril de 2006 //
> El puente

Una máquina sucia acaba con un viejo acueducto que recuerdo desde la niñez; cuando pasaba por debajo de sus antiguos arcos sabía cuánto camino quedaba para llegar a mi casa.

Perder los hitos para pensar otros, para dejar de ser quien se ha sido, para que empiece el tiempo otra vez. Vivir es esto. <
// Lunes, 10 de Abril de 2006 //
> Las vías

Hoy he ido en un tren. Manchado por la tristeza y recubierto por el valium, atravesé urbanizaciones que eran prados, casas adosadas que eran colinas y estaciones donde las parejas se despedían con un tranquilo “luego te llamo”. El tren no me ha llevado a ninguna parte ni me ha traído de ningún sitio.

En mitad de la perfección viscosa del diazepam he percibido máquinas amarillas creando el mundo, aviones llenos de tipos que ya nunca serán felices cuando vuelvan a sus vidas frías a miles de kilómetros y apeaderos con viejos que miran los trenes. He querido, he sentido, no ser yo. <
// Jueves, 6 de Abril de 2006 //
> Las llamadas

Hice aquel día una de las fotos que más me gustan, con unas luces densas de esas que solo tienen los domingos por la tarde y que solo surgen en los sitios que te obsesionan. El visitante hizo también fotos y se le veía en la cara que la deslucida atemporalidad de aquel lugar le había llenado los ojos. Me sentí feliz de haber compartido ese trozo de tierra y de mar sucio con un casi extraño. Hoy alguien me dice por teléfono que el visitante ha muerto.

Me pregunto quién volverá a ver aquellas fotos que hizo. <
// Lunes, 27 de Marzo de 2006 //
> El manejo

Alguien en un gabinete de diseño no pensó que era imposible poner en hora con una cierta facilidad uno de los relojes digitales que hay en mi casa y esto ha hecho que yo haya optado por no cambiarlo al horario del invierno nunca más. Durante seis meses al año marca una hora que nadie usa y, de nuevo, el pasado sábado volvió a hacer sonar su alarma cuando corresponde, como una semilla que hubiera estado larvada en la tierra fría del invierno. <
// Miércoles, 8 de Marzo de 2006 //
> Los ojos

La chica bizca tiene una de las bocas más hermosas que haya visto nunca. Los que entran al bar ven en un primer momento la belleza esponjosa y mojada de sus labios, hasta que descubren su mirada errática y nerviosa, sus ojos esquivos y embarazosos. Ella baja la cabeza y sigue, hierática, tomando la sopa, sin mover ni un músculo más de los necesarios, mimetizándose con la masa de hombres, mujeres y niños que gritan sobre los titulares de un televisor que a nadie le importa.

Cuando algún ruido sobresale del volumen general, ella levanta la vista casi por un instinto lleno de miedos y sus ojos topan con los ojos de alguien que observa furtivamente su deformidad. Como las patrullas enemigas que se encuentra en mitad de un bosque perdido, las dos miradas huyen una de la otra tras un dificultoso segundo en común. <
// Martes, 28 de Febrero de 2006 //
> La salvación

Las cinco detonaciones de las automáticas han sonado radiantes a través de los cristales y la lluvia. Dos figuras poderosas permanecen con los cañones respirando humo y vapor en medio de la carretera, siguiendo con la mirada al coche que huye mientras chillan las ruedas sobre el alquitrán mojado. No he podido agacharme para evitar los disparos y he mirado la escena feliz, sin pensar en nada más.

De noche, escucho a Charlie Parker y Miles Davis tocar “Dexterity”. Pagaría mucho dinero por haber sentido sus fraseos imparables en mitad del tiroteo. Los tipos que se fugaban no saben que jamás volverán a estar tan vivos como en ese momento. Las balas y los agudos de Parker me han salvado hoy a mí también. <
// Sábado, 18 de Febrero de 2006 //
> La pátina

Héctor brillante habla de muertos, edificios que se matan y ecos de canciones sobre la muerte rebotando en los balcones: de toda esa pátina de historias degradables que barnizan las ciudades.

Luego, en la calle, el viernes se va cubriendo de gentes con móviles, ambulancias que pasan y extranjeras vestidas de las primeras sandalias. <
// Martes, 14 de Febrero de 2006 //
> Las batallas que no salen en los mapas

Mi abuela no sabía el año en qué nació; uno de los señoritos a los que sirvió de criada le dijo una vez que había nacido el mismo año que fundaron el ABC. Mi madre tampoco sabe cuándo nació, solo que era carnaval. Hace unos días celebramos su cumpleaños, un cumpleaños anómalo porque no estamos seguros de cuántos años cumple, sobre setenta y tres posiblemente, y porque fue la primera vez que tuvo una tarta de cumpleaños.

Mientras que comíamos el pequeño trozo de tarta, un afgano llorando contaba en la televisión cómo soldados norteamericanos secuestraron a su hijo mientras dormía y lo narraba casi en los mismos términos que mi madre suele usar para relatar cómo la Guardia Civil aporreaba la puerta de su casa hace sesenta años para capturar a un tío mío que huía de los fascistas.

Dos valiums no hicieron que me durmiera esa noche. El Altísimo bendiga cada Kalashnikov. <
// Martes, 7 de Febrero de 2006 //
> La visión

Un sonriente médico con una aguja intramuscular me saca la esquirla metálica del ojo tras echarme unas gotas de anestésico.

Al rato de andar por la calle de vuelta a casa, me doy cuenta de que veo la luz como si mis ojos fueran una vieja película de Kodachrome. Tropiezo con los muebles durante todo el día. <
// Lunes, 30 de Enero de 2006 //
> Los códigos

Compro un viejo radioteléfono en el rastro y, tras limpiarlo, barro las frecuencias hasta escuchar unas voces lejanas que transmiten coordenadas geográficas y avisos a los navegantes. Fuera el frío empaña las ventanas.

Recuerdo Varsovia y el traqueteo de tranvía, aquel ruido que sonaba como un mensaje en Morse cansado y transmitido por última vez, sin esperanzas de ser oído. <
// Lunes, 23 de Enero de 2006 //
> Las vueltas

Compro miso, vinagre de arroz, laban y ksra. Luego voy, inesperadamente, a Fuengirola y me regalan una alfombra de oración que ha llegado desde el sur de Argelia. En la alfombra miro la Kaaba bordada y pienso en los fieles haciendo el tawaf.

La vida de los objetos, pasando de mano en mano, de mundo a mundo, girando como blancos peregrinos. <
// Domingo, 8 de Enero de 2006 //
> Las turbinas

Del aeropuerto partían aviones entre las nubes cada vez más negras, dejando que se esparciera por el valle el silbido bronco de sus turbinas. Abajo, gentes que cogen sus coches después de despedir a los viajeros en la terminal.

Los que se quieren quedar, los que se quieren ir de esta ciudad cansina. <
// Lunes, 2 de Enero de 2006 //
> Los días que no existen

Los caminos no tienen importancia alguna, solo son hileras de piedras aplastadas, asfaltadas, marcadas por las huellas de los desconocidos, espacios huecos donde no está nadie. Los viajeros solo recuerdan los hitos, los autómatas centralizadores.

Hay días en que todo el tiempo queda oculto por un hito, por algo sobre lo que gira el tiempo. Y, súbitamente, la vida encuentra marcas a partir de las que contarse. <
// Miércoles, 28 de Diciembre de 2005 //
> Nosotros

Un amigo huye a otro país para dejar de ser lo que aquí quieren que sea y ser lo que el piensa que está llamado a ser. Los que nos quedamos nos vamos perdiendo entre sus palabras lejanas, nuestras percepciones academicistas y el temor a que nuestro amigo necesite pastillas y no debates.

Sin saber qué hacer, sin lograr aceptar del todo lo que nos inculcan de que la felicidad es la cordura consensuada y esa estúpida sensación sedante de que nadie va a hacer nada fuera de lo programado. La mezquina adicción a la mediocridad que nos adormece. <
// Domingo, 18 de Diciembre de 2005 //
> Las incertidumbres

Mejor no contar, no extender el miedo, no hablar en mi cabeza.

Distraerse con tonterías, como aquel soldado que entrenaba ratones en las trincheras del Somme. <
// Domingo, 11 de Diciembre de 2005 //
> El mundo exterior

Le pongo las pilas a la antigua cámara de super-8 de mi familia y me devuelve un sonido escondido desde hacía años.

La cámara me ha estado esperando. <
// Jueves, 8 de Diciembre de 2005 //
> El revelado

Las fotos de mi Kiev 4 atraviesan el tiempo y me devuelven a unas luces y colores de hace treinta años, cuando las imperfecciones eran admisibles. Saturaciones, ralladuras, motas, hebras de polvo, todo junto confiriendo una suerte anómala y liberalizadora de “serendipity”; cada foto es irrepetible.

Como las balas en los cuerpos, los fotogramas de mi Kiev tienen sus propias muescas. <
// Martes, 6 de Diciembre de 2005 //
> La noche y el frío

Sin prestarnos atención a los demás que estábamos en la tienda de la gasolinera, un tipo compra jamón cocido empaquetado, cerveza, una barra de pan y una película pornográfica italiana que imitaba a los vídeos de Playboy. Sacó un puñado de billetes pequeños y monedas directamente del bolsillo, pagó y salió lentamente. Sabiendo que nadie le esperaba.

La preparación para la batalla, para la noche que precede a los días grises. <
// Sábado, 3 de Diciembre de 2005 //
> Silencio de radio

En noviembre decidí no escribir, no contar nada, cruzar el mes como los submarinos atraviesan el océano; sin decir cómo están ni dónde se encuentran.

He estado fuera, de aquí y de mí. <
// Viernes, 4 de Noviembre de 2005 //
> Las vidas

Desde el balcón, las luces de la televisiones en la oscuridad, la soledad de los coches en las carreteras de madrugada, la soledad de los que duermen acurrucados uno junto al otro.

Hoy es mi cumpleaños. <
// Martes, 1 de Noviembre de 2005 //
> Los equivocados

En mitad de la taquicardia, del sueño que no viene, esperando escuchar la nana del bromazepam en mi cabeza, termino de ver “Good Bye, Lenin”. Pienso en mi abuelo, cuarenta años sepultado sin poder hablar y viendo por televisión como él y el dictador que lo callaba iban muriendo a la vez. En aquel tío mío escondido durante meses en un habitáculo hecho dentro de la chimenea para que no lo capturaran los nacionales y arrojándose finalmente a la vía del tren años después. En la colina donde los republicanos del pueblo de mi padre fueron asesinados como perros tras parapetarse con viejas escopetas de caza frente a los fascistas.

Esperar, transmitir, no perdonar. <
// Viernes, 28 de Octubre de 2005 //
> Los rastrojos

Medio dormido por la fiebre, veo en televisión accidentes de carretera, gordas que lloran porque no pueden pagarse una gastroplastia, un cocinero contando que un tipo vivió hasta los cien años porque comía fresas a diario y alguien con cara de bobo que quiere saber por qué sus padres lo abandonaron con otra familia hace tres décadas. Si no me doliera tanto la cabeza pondría a toda voz a Lester Bowie o a Ornette Coleman para sacar todas esas miserias de mi casa, de mis retinas.

Como los campos tras la quema, el mundo va cubriéndose de los rastrojos y pavesas que dejan los humanos al arder. <
// Miércoles, 26 de Octubre de 2005 //
> Las corazas

Hoy he hablado con alguien que estaba recubierto de palabras y frases hechas para defenderse. Me ha dado asco de las letras, de cada sílaba que pronunciaba, y me he sentido inútil de no poder ayudarle, de no saber cómo decirle que no era nada de lo que decía, que no necesitaba nada de lo que quería que los demás escucharan.

A veces los gritos de auxilio se susurran. <
// Jueves, 20 de Octubre de 2005 //
> Los dibujos

Ceno con mi madre y me cuenta que no se explica cómo a su madre no se le ocurrió llevarla a la escuela. Me dice que ella no es tonta, sino solo que no sabe leer. Salgo de mi casa de noche y voy a una carnicería halal de mi barrio. Compro levadura, laban, cilantro y un dulce que no sé cómo se escribe.

Al ver el cartel de la carnicería pienso en mi abuela y me pregunto si ella contemplaría con la misma extrañeza e intriga las letras que ahora escribo como yo miro los grandes caracteres rojos del letrero de la carnicería islámica. <
// Domingo, 16 de Octubre de 2005 //
> El metalenguaje

Mientras rebusca nerviosamente en su bolso, una chica explica a alguien desde una cabina telefónica que no ha podido llamar antes porque se había agotado el saldo en la tarjeta de su móvil. Eleva el volumen de la voz diciendo que no le quedan monedas, que se va a cortar y repite varias veces que tratará de llamar más tarde.

Sus últimas palabras son a un auricular que no tiene ya a nadie al otro lado. <
// Martes, 11 de Octubre de 2005 //
> El doblepensar

La emisora de radio habla de la lluvia como de unos refuerzos que no terminan de llegar a una ciudad asediada por algún inmisericorde enemigo; casi como en 1984, el enemigo ya no es Oceanía ni Asia Oriental sino la sequía. Hoy llueve, y los locutores claman que no es suficiente, que nada nos librará del calor y las restricciones en pocos meses. Bajo por la calle esquivando charcos con mi estropeado paraguas de propaganda y veo sorprendido a todos los aspersores de riego de la avenida inundando de agua las raquíticas plantas con una alegría y exuberancia bizantina.

Decido cambiar mi ducha diaria por un baño diario con la bañera a rebozar, patito de goma incluido. <
// Domingo, 9 de Octubre de 2005 //
> Las fotos

Jorge Dragón me dice que está a punto de salir el nuevo libro de la deriva de Rizoma por Zomecs, esta vez en Nerja. Repaso las fotos mías que aparecen en ese libro y veo a gentes que no conozco atrapadas en esas fotografías. Noto de pronto esa sensación de otredad que me agarra cuando quedo fijado en la foto que algún turista hace cuando paso por la calle.

Esas fotos ajenas cuentan más de la propia vida, de los días grises, que las hipócritas imágenes tomadas en las fiestas. <
// Viernes, 7 de Octubre de 2005 //
> Los cohetes

Que la vida tiene un sentido es más que evidente, el problema viene si se piensa en la importancia de ese sentido; si uno estima que el “sentido” es crear o hacer algo inmenso. Es probable que haya grandes sentidos para grandes vidas, y vidas que se alargan hasta que hacen algo pequeño y crucial para la propia persona que lo hace o los otros. Escucho una de mis canciones favoritas de estos diez últimos años, una canción que me derrota la cabeza y me la eleva, la voz soberbia y brillante de Mucho Muchacho me lleva cantando “Con esos ojitos”. Puede que toda la vida de Mucho Muchacho haya cobrado sentido en el momento en que escribió esa letra y esta frase “… tú vas a estar muerto mucho más tiempo que vivo…”.

La vida como los cohetes, empujándonos hasta el justo momento y lugar de una órbita acordada y sincrónica. Luego, los cohetes se deshacen en la atmósfera felices. <
// Martes, 4 de Octubre de 2005 //
> Las ocupaciones

El coche que ha estado a punto de atropellarme iba conducido por un tipo comiéndose un sándwich de mortadela envuelto en papel de aluminio. Al sentir el frenazo cerca, yo me he vuelto con una mirada de terminador barriobajero dispuesto a arrancarle la cabeza. Entonces he visto al tío con los mofletes hinchados de comida, atragantado y con los ojos llenos de miedo.

Le he preguntado por la ventanilla si estaba bien y le he dicho que no se preocupara. El tipo, aún con la boca llena, me ha contestado algo que no he entendido parecido a una disculpa y le he dicho sonriente, con un gesto, que continuara su camino. Un tipo más con pocas ganas de enfrentarse a un nuevo día. La diferencia esencial es que yo he esperado una hora y media más para desayunar. <
// Domingo, 2 de Octubre de 2005 //
> Llámame diazepam

Mi madre reconoce por la calle a otra mujer con la que ella solía pasear los domingos, su día libre de criada, hace cincuenta años. En un portal veo al chico con parálisis cerebral que aparece en uno de mis textos y me dice dificultosamente que París es una ciudad maravillosa. A Elisa le regalan un Tragabolas que iban tirar a la basura.

Dos pensamientos más hoy hablando en mi cabeza y no volveré a ella en horas. <
// Sábado, 1 de Octubre de 2005 //
> Denok gara irrati-teleskopioak

Este es la frase original que debiera estar en un verso mío; todos somos radiotelescopios, artefactos que lanzamos mensajes de lo que hemos visto y sentido, en lenguas que pueden no ser nuestras pero que queremos, en palabras ajenas de las que vamos apropiándonos. Toda la tarde he pensado en el tiempo, en los ratos, en los momentos en que uno sale a la superficie para coger aire como los submarinos y expandir unas antenas ansiosas de que los desconocidos oigan lo que transmitimos. Escucho que alguien escribe en su weblog para que otra persona concreta lo lea, para que los demás sean partícipes de ese juego oscuro de las intimidades y los deseos. Todos somos radiotelescopios esperando una señal que nos confirme que no estamos solos, estemos donde estemos.

La extraña comida de un restaurante pakistaní en pleno Barrio Latino de París, los ojos llenos del sordo paisaje de un lago en Finlandia, una taza de té en un vagón anticuado camino de Cracovia. Veinticinco años contando las traviesas del tren, confirmando que hemos vuelto a la Cruz de Humilladero. Kudzu. <
// Martes, 27 de Septiembre de 2005 //
> Los recién llegados

El extranjero anda sin rumbo definido con unas maletas que aún llevan las pegatinas del check-in del aeropuerto; mira un trozo de papel en su mano, comprueba la hora y se sienta en un bar a tomar una té. Ve a la gente ir al trabajo, pasar con bolsas de la compra, llevar los niños al colegio, los abuelos leyendo los periódicos gratuitos. El extranjero siente algo conocido y se tranquiliza

Fuera del envoltorio de las ciudades, la vida se nos va derramando del mismo modo. <
// Viernes, 23 de Septiembre de 2005 //
> Los mensajes

Acaban de pasar veinticinco años desde que yo me sentara el primer día de mi nuevo colegio junto a Ana y ella me echara de su lado. Como entender a los humanos nunca fue una de mis capacidades, no le hice demasiado caso y aún seguimos en contacto, cada uno ahora en su taifa digital. Ana acaba de estrenar un weblog en http://violetag.blogspot.com/

Ana y yo siempre hablamos mucho, por los codos, hasta cansar, pero se ve que no acabamos nunca de decir lo que queremos. Aquí estamos los dos de nuevo, en el tercer planeta desde el Sol, entre los ordenadores y las voces de los otros, tratando de emitir un mensaje al más desconocido de los receptores. Buscando esa secuencia en el teclado que nos exprese de una vez por todas. <
// Miércoles, 7 de Septiembre de 2005 //
> El cielo

De entre unas nubes soberbias que acaban de marcar las fronteras del verano, surge un avión diminuto, perdido en la masa oscura del cielo. Muchos de sus pasajeros habrán mirado por la ventanilla y habrán visto una ciudad desconocida, sin puntos de referencia, sin nombre.

Desde el suelo mojado por la primera lluvia, miro el avión hasta que se disuelve de nuevo en las nubes, sin saber dónde va, quién va. <
// Viernes, 26 de Agosto de 2005 //
> La letra

La áspera voz de Maurizia canta un adiós firme y valiente a Zeberio. Entiendo parte de la letra y puedo notar que se despide de sus amigos, del pueblo, de la tierra que quiere. Da igual el idioma y las palabras sueltas que aparecen como caras conocidas en mitad de la canción; los sentimientos residen más allá del área de Broca.

Pasó las páginas de uno de mis viejos diccionarios de euskera. Voy encontrando poco a poco la tristeza de Maurizia. <
// Lunes, 22 de Agosto de 2005 //
> Las obras

Al pasar veo obreros y máquinas, grandes excavadoras, camiones llenos de tierra, polvaredas que anuncian la cercanía de lo civilizado. La próxima vez que pase por aquí, habrán desaparecido las dóciles colinas, el esparto seco, las chicharras y casi nadie recordará cómo fueron alguna vez estos montes suaves.

Llegar antes, llegar más rápido, llegar veloz a un sitio igual al que salimos. <
// Jueves, 11 de Agosto de 2005 //
> Radiografía

Una mano rota y pocas cosas en la cabeza; ese es el resumen de las últimas semanas. Podría hablar de insatisfacciones y alegrías pero todo queda impregnado de un tinte desvaído como las viejas señales de tráfico expuestas al sol del Sur.

En cierto modo, soy feliz ahora. No ocurre nada. <
// Jueves, 14 de Julio de 2005 //
> Las palabras

Leo la web de alguien a quien conocí hace tiempo; se describe y pienso que ha tratado de poner lo mejor que sabe de él mismo. Nada que ver con la imagen que tengo yo sobre él, nada que influya en que ambos finjamos no conocernos cuando nos cruzamos por la calle.

Lo mismo que pensaría él si leyera esto. Eso está bien. <
// Miércoles, 6 de Julio de 2005 //
> Los recordatorios

Dos alemanes se paran ante una placa conmemorativa de un viejo edificio. Miran las palabras escritas en un idioma que no entienden, buscan en un diccionario y no consiguen enterarse de qué cuenta la placa. Paran a un viandante y puedo escuchar la conversación en inglés desde el bar donde estoy sentado.

El viandante les explica que hace setenta años estuvo en ese edificio el estudio de un pintor muy conocido. Los alemanes le preguntan que quién era el pintor. El viandante repite el nombre de la placa sin que los extranjeros lo conozcan. El viandante tampoco sabe muy bien quién es el homenajeado. Los tres asienten con la cabeza frunciendo el ceño constatando la supuesta importancia de ese pintor desconocido. Tras un silencio tenso, el alemán dice “gracias” en castellano y el español les dice “bye, bye”.

Nadie es nadie. Ni siquiera los que han sido algo. <
// Jueves, 30 de Junio de 2005 //
> La voz

Casi todos los días, el muchacho mongólico sube al autobús, coloca su pesada mochila en un asiento, busca los auriculares de su walkman y se los ajusta a los oídos con un gesto de fuerza. Luego canta en voz alta durante el resto del trayecto, con incomprensibles palabras deformadas y largos aullidos. Los pasajeros se miran entre sí buscando alguien que inicie una sonrisa, alguien que actúe con la misma naturalidad que usaría si el chico no fuera mongólico. Nadie quiere ser el primero en reírse y todos dirigen la vista a los periódicos o la ventanilla para no estar dentro del autobús.

No he conseguido saber qué escucha. <
// Miércoles, 29 de Junio de 2005 //
> La mirada

Al piso de enfrente llegan los nuevos vecinos. Aún sin cortinas en su salón, colocan una vieja sábana para salvarse de nuestras miradas. Dudo que quisieran que nadie viese esa sábana tan deteriorada sobre su cama, pero el miedo a los demás, la incomodidad de los semejantes, puede más que la estética.

Somos los otros, los inoportunos, los amenazantes. <
// Viernes, 17 de Junio de 2005 //
> Las ausencias

Mientras leía ayer, recordaba muchas otras lecturas que he hecho en estos últimos veinte años. Se me venían a la cabeza escritores buenísimos, tíos increíbles que eran capaces de lanzar palabras como el fuego de las katiushkas, gritando sus poemas en mitad de bares, salas o cárceles. La mayoría de ellos ya no escriben. Han quedado los comepollas, todos los que se vendieron por una columna en el periódico, los que aguantaron noches enteras a pedantes contar sus miserias y frustraciones de borracho, los que copiaron y se copiaron para que sus textos fueran homogéneos y poder salir en los libros de texto bajo el nombre de “generación”. Ahora se pasean con sus libros llenos de tópicos bajo el brazo por lecturas de hotel e instituciones, palpitando por trascender. Ayer, alguien con sentido del humor –algo maldito para la poesía según muchos-, me mencionó que había hablado de la cisaprida, de la metoclopramida en algún poema y que me faltaba el omeprazol. Y es que para aguantar a ciertos poetas, hay que tener el estómago prevenido.

Todos esos libros están llenos de mentiras. Los poemas son otras cosas. Nada de lo leído, nada de lo dicho. <
// Jueves, 16 de Junio de 2005 //
> Riverrun

Hace más de dos años que comencé este log por mor de la presentación del libro “64928” y lo empecé con la intención de alejar, de separar lo que escribo de lo que estéticamente creo. Me apetecía, me apetece, escribir revolcado en la connotación, con la fluidez de la catástrofe y fuera del tamiz de las palabras poetizables. Decidí escribir en esta web con las palabras comunes, no con las mías, para dejar que mis textos, mis bocas fuera de esta pantalla, pudieran librarse del engaño de comunicar. Este log es una tapadera denotatoria.

He asistido a muchas lecturas de poesía y he leído más libros y poetas de los que me gusta reconocer; la percepción que me cerca cada día más con muchos de estos textos y autores es que no sé de qué me hablan. Atisbo un lenguaje poético manido, común, ya negociado entre autores y lectores; un ritual semántico y sintáctico tranquilizadoramente previsible dónde no se cumple más que lo pactado y no se invoca más que lo ya leído, sin camino, sin escapatoria, sin ramal, para contar lo absolutamente personal y acomunicable. Mantengo desde años atrás mi consigna poética de la transmisión de ruido. Quien crea que transmite algo personal a través de la poesía y que ese mensaje llega íntegro al receptor, se equivoca; solo está transmitiendo loci communes, topoi sosegadores.

Yo no soy 64928. <
// Jueves, 26 de Mayo de 2005 //
> La identificación

La televisión se queda encendida mientras me voy durmiendo. Una teleoperadora me despierta y me pregunta si soy el señor Andrés Gómez. Le digo que no y trata de venderme un teléfono o algo así, independientemente de quien sea yo.

Mi nombre no es nada. <
// Martes, 10 de Mayo de 2005 //
> El rostro de los vivientes

Todos pensaron en hacer lo mismo hoy; levantarse temprano, desayunar rápido, coger coches o autobuses y estar en la puerta del fotógrafo antes de que abra su pequeña tienda frente a la comisaría. Medio dormidos por el madrugón, despeinados por el viento y con la cara asustada todavía por los flashes, van saliendo para renovar pasaportes y documentos de identidad.

Durante los próximos diez años, guardias, policías, dependientes de videoclubes y cajeras de supermercado mirarán con desconfianza ese rostro cansado en un carnet. La imagen de una mañana en que desearon ser otra persona, en un lugar distinto. <
// Viernes, 29 de Abril de 2005 //
> Los ausentes

Alguien llama a una radio y cuenta que no tiene a nadie, que no soporta más estar tan solo. Llora e insinúa ideas de suicidio. La locutora lo consuela con una voz llena de falsedad y, al rato, surgen una tras otra llamadas del resto de los oyentes animando al desesperado para que no abandone y miré lo bello de vivir.

Nadie deja su teléfono ni quiere contactar con él. Solo ayudarle desde lejos, desde donde el hedor de la soledad no enturbie la primavera que nos va cubriendo. <
// Jueves, 28 de Abril de 2005 //
> La incapacidad

Los días en que no puedo escribir van pasando uno tras otro. Leo textos antiguos míos, Lo que escribí. Leo a Fonollosa, Fante, Sarrionaindia y Kobayashi.

Solo podemos transmitir el ruido, los errores de nuestras palabras. <
// Martes, 12 de Abril de 2005 //
> Los semejantes

Como los peones del Go; ocupar sin ocupar, avanzar sin cubrir, ser hoy vanguardia y mañana última línea.

La gente anda por la calle, sin que el que está a mi lado sepa dónde voy, sin que yo sepa dónde llegará él. Casas, oficinas, coches, calles llenas de vectores. <
// Lunes, 4 de Abril de 2005 //
> Los fantasmas

Desde Kraków hasta Bielany he visto fantasmas; edificios fantasmas, autobuses y coches fantasmas, personas fantasmas que pasaban por mi lado, tiendas fantasmas con mercancías extrañas. Intento recordar el rostro de alguien de los que tuve cerca en tranvías o calles. Ninguna cara me viene a la cabeza.

Solo la niebla, algunas monedas polacas en mi bolsillo y el Hejnal Mariacki sonando cada hora en mis oídos. <
// Viernes, 18 de Marzo de 2005 //
> La fiebre

Un medicamento indica que puede provocar somnolencia. Me duermo con la cabeza pesada y el corazón agitado por la terbutalina. En mitad de la noche, oigo la voz de un amigo mío de la infancia que me llama para que le tiremos piedras a los del barrio de al lado. Luego, mi padre me da vino dulce y lomo en Venta Cárdenas, mientras me dice que no quiere que sea como él cuando crezca.

<
// Martes, 22 de Febrero de 2005 //
> Las matemáticas

Los diarios hablan de la ola de frío y las lluvias con imágenes de nieve y ventiscas, de ciudadanos cobijándose de los aguaceros. Cansado y sin querer pensar nada más sobre las posibles equivocaciones de los cálculos meteorológicos, decidí ayer en abrigarme y llevar un paraguas plegable en el bolso.

He tenido calor y he cargado con un trasto inútil durante todo el día. <
// Miércoles, 16 de Febrero de 2005 //
> Los vientos

Una pasajera del 737 ha gritado “Dios mío, no quiero morir” al arreciarse las fortísimas turbulencias y prácticamente salir despedidos de nuestros asientos durante unos minutos demenciales. Me he apretado el cinturón de seguridad y he pensado en si habría alguien mirando desde tierra cómo cruzábamos las nubes, deseando salir de su gris ciudad para viajar hasta un desconocido destino en este avión.

El engaño de las distancias y la fragilidad de los humanos. <
// Lunes, 14 de Febrero de 2005 //
> El aire

De nuevo los aviones, los desconocidos, las maletas y esa extraña sensación de importancia de los que transitamos por los aeropuertos.

Una vez más, la rareza de los lugares, estar en un sitio y seguir pensando en otro. <
// Jueves, 3 de Febrero de 2005 //
> Los idiomas

Buscando si funcionaba una parte de esta web, me encuentro con un texto mío de hace años traducido al gallego. Camino por líneas que reconozco al cabo del tiempo pero que me resultan muy poco cercanas, palabras que mi cabeza señala como no mías del todo. Que hay una parte imposible, ajena y extrañada. Me alegro de esa nueva capa de lengua que ha cambiado mi texto. Que lo ha alejado.

http://www.iespana.es/dallejas/arquivos/ideolox/pobreza.htm <
// Miércoles, 2 de Febrero de 2005 //
> El contexto

Al pasar por una calle encuentro una foto tirada en el suelo. Con los ojos rojos por el flash, tres chicos y una chica sostienen sus copas en un brindis forzado para que lo captara la cámara. La luz alcanza fantasmagórica a un cuarto personaje más alejado que se apoya en la barra del bar y observa hosco al grupo. Uno de los chicos del brindis mira de reojo a la chica.

No sé quienes son ni por qué brindan, No sé dónde están ahora. Coloco la foto en un banco de la calle y dejo que siga contando su historia de extraña felicidad a los desconocidos. <
// Lunes, 31 de Enero de 2005 //
> El poder

La mujer ha corrido paralela al autobús casi cien metros, un autobús que no iba a más de veinte kilómetros por hora atravesando una calle vacía. El conductor la miraba altivo por encima del hombro mientras la señora trataba de no perder el bolso y la bufanda en la carrera. Al parar en un semáforo, la señora ha pegado en la puerta del autobús para subir y el conductor le ha gritado que no puede abrir fuera de las paradas.

El poder de los miserables, la maldad de las minucias. <
// Miércoles, 19 de Enero de 2005 //
> Las imágenes

Salgo medio dormido y olvido sobre la mesa mi cámara y mi móvil. Veo estructuras que quiero fotografiar. Me alegro de no fotografiar personas, situaciones oportunidades, de que mis imágenes sean estáticas y casi sin tiempo, sin tiros de fortuna.

Atrapar los momentos es una oposición inútil y falaz. Es el engaño al que nos lleva a veces la propia fotografía. <
// Lunes, 17 de Enero de 2005 //
> Las señales

A mi izquierda, el grupo de pájaros forma una punta de flecha en el cielo señalando a la sierra; justo la dirección contraria que siguen los hombres hacia la ciudad.

Aves y humanos perdidos los unos para los otros. <
// Lunes, 3 de Enero de 2005 //
> La mañana

En mitad del frío, salgo aturdido de la cama. Me visto a ciegas y salgo de la habitación sin hacer ruido. Preparo pan de molde tostado con queso en lonchas y Earl Grey. Me siento ante la televisión mientras desayuno; empiezo a notar que aún emiten programas de teletienda y reposiciones. Miro el reloj y descubro que me he levantado dos horas y media antes de lo habitual.

Todavía no sé si he ganado ese tiempo o lo he perdido. <
// Jueves, 30 de Diciembre de 2004 //
> Ma si´ nato in Italy

Me despierto feliz tras cantar “Tu vuó´ fá´ ll´americano” con Renato Carosone y Charlie Parker, que hacía unos fraseados imposibles y que, oyéndolos, me sentía casi elevado en espíritu. Yo miraba a Carosone esperando que me diera la entrada al compás y los dos gritábamos juntos “…la borsetta di mammá… la borsetta di mammá…”

Hoy es un buen día. <
// Martes, 28 de Diciembre de 2004 //
> Los armarios

Con la llegada de una repentina ola de frío, todos tienden a buscar unas prendas de abrigo casi inexistentes en una ciudad mediterránea como esta; veo a gentes por la calle con bufandas que hacía siglos que no salían de un cajón o abrigos más que pasados de moda. Un señor de unos sesenta años paga junto a mí en la frutería con unos guantes de “Hello Kitty” puestos.

La normalidad es inestable, más, incluso, que la atmósfera de diciembre. <
// Lunes, 20 de Diciembre de 2004 //
> Los que miran

No sé quién es, qué es ni desde dónde me manda un mail, pero me dice que mis fotos, de unos meses a esta parte, se han vuelto oscuras. El desconocido me pregunta si estoy triste por algo. Miro las fotos y me doy cuenta de que es cierto.

No sé que contestar que resuma la negrura de las fotos. <
// Jueves, 16 de Diciembre de 2004 //
> Las noticias

Cada vez que veo un periódico o la televisión me parece todo más lleno de mentiras, podredumbre y tópicos. Me resultan extraños los que salen y me parecen ajenas las palabras que dicen, como si no fueran las noticias, los discursos, más que una tradición oral que transmitir sobre unos personajes que ya nada tienen que ver con nosotros. Una épica modelada por los poderosos y los ganadores de donde se han borrado los detalles discordantes.

Perder las guerras, grabar el rencor, esperar la venganza. <
// Jueves, 2 de Diciembre de 2004 //
> Noviembre

Resisto noviembre una vez más. Han pasado diez años de la muerte de mi padre y no me he atrevido a preguntarle a mi madre qué va a ocurrir con su tumba, si los cerdos del ayuntamiento echaran sus huesos a una fosa común, como hicieron con mi abuelo porque se había ahorcado. No dejo de pensar en que el dolor se cura con más dolor, desolación y destrucción, en la catarsis. Recuerdo la muerte de Patroclo, y el consuelo de Aquiles inmolando animales y troyanos infames en la pira. Ha llegado el tiempo de olvidar.

Ha pasado noviembre. La hora de volver a la cabeza. <
// Martes, 16 de Noviembre de 2004 //
> El suelo

De pronto ando por un trozo de calle donde han plantado pinos y el suelo está cubierto de un colchón suave y resbaladizo de agujas. Pienso en el olor a de tomillo.

Me doy cuenta de que me he salido de la acera. <
// Martes, 9 de Noviembre de 2004 //
> Las vidas ajenas

En el bar una chica come una ensalada mientras ojea un puñado de folletos de supermercado. Se para en las páginas de ropa y señala algunos artículos haciendo una gran circunferencia con un bolígrafo. De pronto, le suena el móvil, dice algo de las llaves de la oficina, se levanta rápida, paga en la barra y se va.

En los folletos olvidados sobre la mesa hay señalados unos pantalones baratos, un edredón y una oferta de viaje a Galicia para el próximo puente festivo. <
// Jueves, 4 de Noviembre de 2004 //
> La cabeza

Barro todas las frecuencias de la fm para encontrar una canción que me pare la cabeza, que me desligue de mí. Un locutor de una emisora alemana de la costa lanza a las 5.6.7.8’s con Bomb the twist. Subo el volumen hasta que siento dolor en los oídos.

Mi autoregalo de compleaños. Hoy, dos minutos con la cabeza vacía. <
// Lunes, 25 de Octubre de 2004 //
> Los objetos

Para escapar del domingo, vamos a Torremolinos. A las ocho de la tarde, con el cielo tintado en un rosa perturbador, las tiendas de los chinos, árabes e hindis siguen abiertas creando una ciudad irresistible, como si, felizmente, nadie hubiera creído la noticia de que el verano se acabó hace semanas. Entramos en una tienda de objetos usados regentada por un señor belga con el que hablo sobre origen de un uniforme militar desvaído mientras suenan vinilos ajados de Elvis Presley. Al final salimos con un montón de viejos singles que aun conservaban la etiqueta de la tienda parisina en que fueron comprados hace décadas y la promesa de volver otro día.

El viaje inconsciente de los objetos, el inmóvil tiempo que pasan con nosotros. Luego se desvanecen para aparecer en otro lado. <
// Lunes, 18 de Octubre de 2004 //
> Los encuentros

Decido esta mañana coger una chaqueta que ha pasado toda la primavera y el verano colgada de una percha dentro del armario. Meto las manos en los bolsillos para evitar el frío y encuentro un trozo de servilleta arrugado y desvaído con un nombre y un teléfono. No consigo recordar de quién se trata.

El tiempo disuelve la tinta, la vida, los nombres. <
// Jueves, 14 de Octubre de 2004 //
> Las palabras

La madre sube al tren con su hijo de unos cinco años que aún lleva un chupete en la boca. Se sientan y una señora ya mayor que viaja a su lado comienza a decirle al niño cariñosamente que se le van a caer los dientes, que es muy grande para el chupete. Luego cuenta que uno de sus nietos usó chupete para dormir hasta los siete años, sigue recordando que antes se veían más niños con el chupete por la calle y que ya no se crían los niños con las dificultades que existían cuando ella tuvo a sus hijos. La madre del niño mira a la señora con una forzada sonrisa y el pequeño se arremolina bajo el brazo de su madre.

La soledad de los que hablan. La incomodidad de lo próximo. <
// Martes, 5 de Octubre de 2004 //
> El despertar

Logré ayer encender mi viejo teléfono después de haberlo dado por definitivamente estropeado. De pronto, al iniciarse, me pregunta que si son las cinco y dos minutos del miércoles ocho de septiembre. Su memoria, su vida y su tiempo, se suspendió en el justo momento en que la salada agua del Mediterráneo entraba por su circuitería.

Los que vuelven, los que no saben dónde han estado. Los que duermen. <
// Miércoles, 29 de Septiembre de 2004 //
> Los turistas

Pasa un autobús lleno de turistas y se detiene junto al semáforo donde esperamos para cruzar un mendigo alcoholizado y yo. Desde una de las ventanillas, alguien nos hace una foto.

Para días como este creó Dios a los Offspring. <
// Martes, 28 de Septiembre de 2004 //
> La gente

Mientras huía de las radios locales, oigo de pronto a una locutora que dedica una canción solicitada por un chico de un pueblo del interior. Cuenta que el chico trabaja con una gran excavadora y que se ha casado hoy hace un mes. Lo imagino llamando a sus compañeros a voces para que escuchen a la locutora hablar de él, cómo lo saca de la miseria de todos los días por un momento. Para la locutora mandar la dedicatoria forma parte del tedio cotidiano.

Los valores son cambiantes, el mundo continuo. <
// Miércoles, 22 de Septiembre de 2004 //
> Los caminos

Mi autobús habitual no llega a pasar nunca esta mañana. Subo en otra línea de la que no conozco más que su última parada. Avanzamos entre el tráfico casi con asfixia por calles que me son familiares, hasta un punto concreto en que el autobús da un giro inesperado. Veo en varios pasajeros la misma cara de querer volver a la ruta calculada, a los parámetros regulares, que debo tener yo; una chica se levanta y confirma con el conductor que el camino es el correcto.

La geografía nos hace reaccionar, nos dice dónde encajamos, dónde no somos más que equivocaciones en marcha. <
// Miércoles, 15 de Septiembre de 2004 //
> Las averías

Estropeo mi teléfono móvil nuevo tras meterme en el mar con él. Busco un antiguo terminal Nokia ya desechado por que se apagaba a cada instante y descubro alegre que si se le da un golpecito de cuando en cuando es capaz de aguantar más de un día sin recargar.

La imperfección hace únicos a los objetos, a los seres, a los días. <
// Martes, 14 de Septiembre de 2004 //
> La acreditación

En el documento policial se lee: “...el denunciante, que dice ser Andrés Gómez Miranda, sin poder acreditarlo...” entre otro galimatías de frases hechas y protocolarias.

Al ver esas palabras escritas, -la idea de no ser nada, nadie-, me elevó algo cercano a la libertad, como cuando noto entrar la terbutalina en los silbantes bronquios durante una crisis asmática o el día que deje de ser yo viendo caer el sol sobre los llanos de Arroyo Hondo. <
// Martes, 20 de Julio de 2004 //
> El verano

Mi madre compra en el kiosco tres helados para el postre. Tras la comida me dice que me acerque a la nevera y los traiga a la mesa. Abro el congelador y veo junto a los cucuruchos algo envuelto en papel de aluminio con un pequeño papel donde se ven unas irregulares y casi dibujadas letras.

Mi madre casi no sabe leer ni escribir por culpa de la guerra y la pobreza. No pensaba hasta ahora que mi madre fuera capaz de colocar una etiqueta que ella misma hubiera escrito a nada. La palabra que pude leer me conmovió como el más atronador poema que vaya a encontrar jamás. <
// Martes, 13 de Julio de 2004 //
> El pasajero

En el bar del tren un abogado cuenta a otros dos viajeros que acaba de conocer cómo le había ganado un caso a una gran compañía. La historia que narra está llena de momentos en que demuestra su arrojo y sus tablas como hombre de mundo. Los interlocutores asienten con la cabeza o reafirman con gestos de determinación los puntos más cruciales del relato. Un relato que se extiende kilómetros y kilómetros.

Durante el viaje somos lo que decimos; desvinculados de la tierra y embebidos en el movimiento del paisaje, la veracidad no entra en el cálculo de las velocidades. <
// Viernes, 9 de Julio de 2004 //
> La foto

Supe que la foto no iba a captar nunca todo aquello; el paso rápido de los castilletes, los suelos dorados de la tarde, Soul man en el hilo musical del vagón. Hubiera necesitado poder fijar ese atisbo de lo feliz, esa percepción de espacio y tiempo desmoronándose como las viejas casas abandonadas que veía desde la ventanilla.

Bajé la cámara, entristecido por la futilidad de los inventos de los hombres, por la tosquedad de nuestro ingenio. <
// Jueves, 24 de Junio de 2004 //
> La partida

La hermana de uno de mis mejores amigos, Jesús, ha tenido un niño y el nervioso padre me mandó un sms para darme la noticia. Recuerdo a Meli, la primeriza madre, haciendo los deberes de la EGB mientras Jesús y yo jugábamos al Raid over Moscow o al añejo Lode Runner durante horas, aporreando un Commodore 64 siempre medio abierto y con cables colgando. Mientras leía el mensaje de David, pensaba que ya hace veinte años de la última vez que guardamos una de aquellas partidas.

En esos días mi familia estaba arruinada y jamás tuvieron dinero para comprarme un ordenador; pasaba horas en la casa de Jesús con los ojos fijos en una pequeña televisión que usábamos como monitor. La noche que recibí el sms, abrí uno de mis atiborrados armarios y busque un Commodore 64 que compré en un mercadillo hace un par de años por dos mil pesetas. Alguna tarde del futuro, Jesús y yo llamaremos al hijo de Meli y le explicaremos cómo se juega al Elite Plus o al Solo Flight. Para cerrar el círculo y empezar una nueva partida, un nuevo juego. <
// Lunes, 14 de Junio de 2004 //
> El aspecto

Después de dos vueltas imprecisas, no consigo encontrar nada que me apetezca en los refrigeradores del supermercado. Llego a la caja con un paquete de pan de molde, otro de queso en lonchas, un bote de coleslaw y una botella de medio litro de Coca-Cola.

Veo en el monedero que solo llevo varios céntimos y pago con la tarjeta. La cajera observa mi compra, da una ojeada inquisitiva a mi foto en el carnet y clava su vista por un momento en mi cara cansada. Me acerca el bolígrafo para que firme el tíquet y se queda mirándome como si hubiera atisbado algo oculto en mí, algo que a ella no ha podido engañarla. <
// Viernes, 11 de Junio de 2004 //
> Los ojos

Las nauseas me despiertan a las cuatro y veinte de la madrugada. Vomito la cena, tomo valium y me duermo durante una hora. Sueño que iba a vivir en una casa de plástico cerca de un aeropuerto.

He andado durante cuarenta minutos hasta el hospital. El sol, el diazepam, la mañana que se deshace entre los colores de las calles y los amarillos de los matorrales secos en los descampados. Camino casi cien metros con los ojos cerrados. <
// Jueves, 10 de Junio de 2004 //
> La descripción

Vi el justo momento en que le dicen a alguien que su hermano acaba de morir. Pude sentir su cabeza. El horror que solo se lava con más sangre, la locura de la venganza. La gloria de la adrenalina. El espasmo en la boca del estómago.

Dos días después leí la noticia del atropello en el periódico. Nada describe el dolor ni la pestilencia de lo imprevisto. <
// Martes, 1 de Junio de 2004 //
> El mundo

Existe un gran mundo, un planeta sin errores, teñido de suaves colores ligeramente subexpuestos, con viajeros inmaculados que llegan serenos y radiantes a los aeropuertos, disfrutando de cada minuto. Vuelan a lugares donde no habita más que la belleza y compran joyas en barrios casi decorados para películas de Doris Day. Los imagino paseando sonrientes por las terminales con elegantes bolsas de regalos, con una ligereza digna de ángeles.

A veintitrés mil pies me quedo medio dormido pensando en esos hermosos viajeros y ciudades que aparecen en la revista del avión, arrullado por el reactor Pratt & Whitney que veo desde mi ventanilla, el valium y la biodramina. <
// Lunes, 24 de Mayo de 2004 //
> Los cambios

Miro una foto de Jose y descubro rasgos en su cara que hacía años que no había visto. El tiempo nos borra cómo éramos y de pronto, una foto nos enseña que ese tipo delgado, en mitad de un barrio polvoriento, al que no terminas de reconocer, eres tú mismo.

Han pasado veinticinco años. Lanzados contra la vida. <
// Jueves, 20 de Mayo de 2004 //
> La fragmentación

Por las ventanas salen los sonidos de los habitantes de los pisos bajos. Como un océano denso se mezclan las voces de los que viven en las casas con la pronunciación castellana de los noticiarios. Las madres llaman a los niños para comer, alguien se pelea por dinero y otro habla por el móvil sobre un trabajo de carpintería. El locutor de la televisión cuenta que ha habido una reunión de presidentes de gobierno y los inquilinos dejan escapar entre las cortinas de los ventanales un olor de aceite frito y ruido de platos.

Tras una hora andando, percibo que todas las cadenas de televisión dan la misma noticia y que ni lo que dicen los locutores ni mis semejantes es distinto. Todo es el paso veloz de lo cotidiano. <
// Martes, 18 de Mayo de 2004 //
> Los vigilantes

Un niño se pasea feliz por el centro comercial con un globo donde se ve una sonriente cara de Epi. En un instante, el niño abre la mano y el globo asciende lentamente hacia el enorme tragaluz que recubre toda la construcción. Epi se quedará pegado a las cristaleras hasta que el helio se vaya escapando poco a poco y el niño ya no recuerde su perdida. Cuando vi el globo allí arriba le hice un par de fotos porque me gustó encontrar un elemento tan ajeno a cualquier detalle que hubiera pensado el arquitecto cuando diseñó el techo de la nave. De pronto, un guardia de seguridad se me acercó y me dijo que estaba prohibido sacar fotos al edificio, que solo se podía fotografiar a las personas.

Guardé la cámara y me fui. No quiero fotografiar a desconocidos. <
// Jueves, 13 de Mayo de 2004 //
> Los cambios

Pocos minutos antes del cierre del centro comercial, una chica que vende artilugios para masaje abre una bolsa barata de deporte y saca unos cómodos zapatos bajos. Guarda las sandalias de tacón que ha vestido todo el día.

Despojarse de los escudos, mirar el reloj, olvidar lo que esperan de nosotros. La chica enciende el cigarro con un mechero de propaganda y se va. <
// Miércoles, 5 de Mayo de 2004 //
> Las intenciones

El mundo es una mesa de billar con reglas más allá de la Física que conocemos; el no dominio de la carambola en sus últimas consecuencias separa a dioses y a humanos. Richard Jordan Gatling era un médico con escasa vocación que se horrorizó ante las carnicerías de la Guerra Civil Norteamericana. Pensó que si creara una herramienta capaz de hacer el trabajo de cien soldados, no serían necesarios los grandes contingentes de tropas avanzando en formación cerrada mientras los oficiales gritaban para mantener las filas firmes y cubrir las brechas dejadas por muertos y heridos. Gatling inventó la ametralladora. Años después, Hiram Maxim era un jefe de ingenieros de la US Electric Lighting Company que vivía en Inglaterra, dedicado a investigar cómo mejorar los filamentos de las recién nacidas bombillas. Un amigo le dijo que si quería dinero y fama debería inventar algo para que los europeos se mataran entre sí. Maxim creó la primera ametralladora por retroceso de masas de la historia, totalmente automática en su manejo.

El Imperio Británico concedió el título de Sir a Hiram Maxim. Richard Gatling murió pensando que le gustaría ser recordado por su primer invento, una simple máquina para plantar arroz. <
// Viernes, 30 de Abril de 2004 //
> Las alarmas

Escribir últimamente, el deseo de visitar Yasukuni Jinja, despertar en un día normal de verano.

Todo es el sonido de las alarmas. <
// Martes, 27 de Abril de 2004 //
> Las apariciones

Paso todos los días al lado de los contenedores de basura de un supermercado. Casi siempre flota un olor a carne descompuesta y a verduras pasadas que obliga a acelerar el paso a los transeúntes de esa acera; los que conocen la zona, modifican su ruta para evitar el cansino hedor.

De pronto, ya junto a la gran cubeta metálica, percibo sin querer un olor dulce, pleno, evocador de veranos en mi barrio, comiendo helados baratos del kiosko a la sombra de algún portal. Montones de pequeñas cajas de fresas recién caducadas se pudren alegremente al sol de la casi primavera que va cercándonos. Nunca pensé que iba a ser tan feliz junto a ese cubo de basura. <
// Miércoles, 21 de Abril de 2004 //
> Los caminos

He despertado temprano, he escuchado la radio, he desayunado viendo la televisión, me he duchado con agua caliente, me han llevado en coche al trabajo, miro un periódico y leo algo acerca una exposición fotográfica sobre el éxodo por el Camino de Almería en 1937.

Mi familia huyendo entre los bombardeos, subidos todos en un carro que tenía el tío Paco de mi padre. Veré las fotos y no sabré si alguien de mi sangre aparece en ellas. Las caras son la multitud más dolorosa que existe. <
// Martes, 20 de Abril de 2004 //
> Los marcados

Alguien pasó más rápido de la cuenta al doblar la esquina y se llevó por delante el retrovisor izquierdo del coche de Elisa. Fuimos a buscar otro a un desguace y paseamos viendo coches destrozados como cadáveres de una guerra, sin pensar demasiado en las historias que se narraban entre chapas reventadas y bolsas de airbags abiertas. Encontramos el espejo y llamamos a un chico que trabajaba en el desguace para que lo desmontara.

El muchacho iba tiznado por los restos de un barro de aceite usado, líquidos de frenos, tierra sucia y sudor; la piel, las ropas mostraban un tono uniforme, de un triste negro turbio. Mientras desatornillaba la pieza, vi en la cara interior de su antebrazo la mancha azul dejada por el tampón de entrada a una discoteca, resto probable del pasado fin de semana. Intenté imaginarlo vestido con ropa limpia, esperando una cola para entrar a la diversión por unas horas, bebiendo combinados de nombres extraños y tratando de ocultar sus uñas, imposibles de limpiar de la grasa de lo cotidiano. <
// Lunes, 19 de Abril de 2004 //
> Los otros lugares

Esta mañana un locutor radiofónico de los que solo pueden presentar las canciones se ha levantado triste y ha lanzado el Blue Monday de New Order como si fuera un resignado May-Day. Lo he escuchado mientras caminaba al trabajo, con un viento fuerte azotándome la cara y tratando de mantener el paso a toda costa.

Quise parar mi cabeza, estar en ninguna parte. Pensé en el Endurance del valiente Sir Ernest Shackleton, avanzando a todo trapo hacia una burda cruz dibujada a mano en un mapa. <
// Viernes, 16 de Abril de 2004 //
> Las horas

Podría haber escrito en estos días pasados pero, a veces, es mejor sentarse frente al reloj y ver las manecillas perseguirse.

El propio tiempo tiene sus manera de decir que debes volver al irreal mundo de los humanos. <
// Viernes, 26 de Marzo de 2004 //
> Lo escrito

Entre algunos anuarios de la Novosti, viejas tarjetas de vídeo y disquetes polvorientos, descubro en mi antiguo cuarto uno de esos libros que dan al comprar un coche. Tengo imágenes de haber visto ese libro en diversas épocas y lugares, como si cada ciertos años aflorara a la superficie o viniera a visitarme. Es una guía de servicios técnicos oficiales de Renault para Europa y África, fechado en febrero de 1968. Lo ojeé un rato y casualmente miré los talleres de asistencia de París. Veo que hubo locales de Renault en Château d'Eau y Rue des Petites Ecuries. Justo las calles donde pernocté hace un mes. Se me vienen a la cabeza los olores del Halal Chicken Point y el sonido de la moto de Clara atravesando Rue d'Hauteville.

Pienso en las calles del libro, cuáles pisaré en el futuro, qué hay escrito sobre mí entre sus páginas, si ese libro lleno de sitios desconocidos tiene algo que contarme. <
// Jueves, 25 de Marzo de 2004 //
> Las importancias

Visito la muestra "España, años Cincuenta. Una década de creación" en el Museo Municipal de Málaga. Miro pinturas, esculturas, fotografías de obras arquitectónicas, algunos muebles y un hermoso Pegaso Spider de los carrozados por el barcelonés Serra. De la parte que más ilusión me hacía ver, solo hay breves trazos; un precioso molinillo de café , muestras de estampados y otro par de objetos componen el apartado de diseño industrial.

La percepción de lo conservable define la muestra en sí. La marca de lo que se señala como arte o no es la firma que determinará la desaparición física de un artículo o su pervivencia. A nadie se le ocurriría hacer limpieza en el Chillida-Leku y tirarlo todo al camión de la basura, pero todos hemos asumido que otro tipo de bienes tienen su final, sin gloria alguna, en el vertedero. Pienso ahora en lo que pagaría por aquella radiogramola que había en mi casa cuando yo era muy pequeño o las herramientas llenas de grasa que se apilaban en el taller donde me crié. Lo cotidiano es un tiempo atroz, lleno de personas, objetos, cuyo único fin es desaparecer. <
// Lunes, 22 de Marzo de 2004 //
> El anonimato

No se cómo, recibo un mail de una web de antiguos alumnos de centros de enseñanza. Sin poder reprimir un ligero malestar por estar ya en edad de estas cosas, entro en la web. Como cuando uno hace limpieza de disquetes y encuentra ficheros de los que no se acordaba hacía años, leo apellidos que me resuenan como una lejanísima cantinela. Imagino que compartí con esos nombres horas de banca, preocupaciones que ahora me parecerían pueriles, inútiles materias de estudio y esas tortas que da la adolescencia.

Después de varios minutos vagando entre nombres fantasmales, observo cómo casi nadie coloca su fotografía actual o publica datos de su biografía reciente. Pienso en los detalles que nadie quiere compartir, en las frustraciones, en el miedo a contar lo que somos cuando nos levantamos cada mañana. <
// Jueves, 18 de Marzo de 2004 //
> La altura

En días como hoy, viajar en avión es un ejercicio de extrañeza; el cielo, encapotado de unas nubes tristes y pesadas, enturbiando vidas y colores. El avión atraviesa el techo de nubes y aparece un día pleno, con un sol de catecismo, un día ajeno a nuestras vidas. Algo que no nos pertenece.

Mirar por la ventanilla mientras bebes el refresco de una pequeña lata, ver un suelo de nube que no pisarás jamás. Pienso en los que viven ahí, en Saint- Exupery volando por el Mediterráneo o en Amelia Earhart en su hermoso Lockheed Electra, en el Suboficial de Primera Clase Matsuo Isao surcando radiante y puro, limpio, el azul cielo del Pacífico, si serán felices. <
// Martes, 16 de Marzo de 2004 //
> La lluvia

Elisa me decía que escuchara la lluvia en mitad de la madrugada. Las gotas en las ventanas, la tierra, los árboles, en la ropa tendida.

Esta mañana he visto el suelo mojado y me he acordado de Elisa, con sus pequeñas piernas recogidas anoche en la cama, como si temiera mojarse. <
// Lunes, 15 de Marzo de 2004 //
> La alegría

Dos personas que no saben quiénes son se encuentran en Tokyo, hago feliz una foto de la pantalla con las últimas imágenes de Lost in translation.

Salgo del cine y veo una pantalla de televisión hablando de que el país ha cambiado en estas dos horas. No confiaba ni en que me gustara la película ni el resultado de las elecciones. Pocas equivocaciones hay tan felices. <
// Viernes, 12 de Marzo de 2004 //
> La iluminación

Tras descargar esa foto, he estado mucho rato con los ojos fijos en ella. Las líneas y los colores. La pureza. El atisbo de lo real. La percepción fuera del tiempo. El milagro de la luz sin necesidad de nadie que le otorgue matices. El gozo y la gloria de la exterocepción.

Quisiera estar siempre en esa foto. Sin dar más explicaciones que a quien entre en ella, como los marinos del romancero. <
// Miércoles, 10 de Marzo de 2004 //
> Los viajeros

La cámara con la que suelo hacer las fotos para el log me ha empezado a dar problemas. Llamo al servicio técnico y me atiende un chico que, gracias a Dios, me habla de tú al poco rato. Me dice que aún está en garantía y que pueden repararla. Cuando llega el mensajero a recoger la cámara, veo que coloca en el albarán una dirección de destino en Inglaterra. A esta hora, mañana, mi pequeña cámara andará por Hertfordshire.

Mi cámara ha viajado a sitios que yo no he visto; lugares de dónde no ha traído imágenes. Tan hermosa e inútil como una sonda espacial con los sensores estropeados. <
// Lunes, 8 de Marzo de 2004 //
> Totus floreo

Una pareja de unos treinta y pico años jugaba a las paletas en la playa de La Misericordia. Varias chicas jóvenes tomaban el último sol del atardecer en bikini. Otro grupo de quinceañeros practicaban movimientos de capoeira sobre la arena y un chico no escatimaba salto ni pirueta para acabar abrazando sobre la arena a una muchacha menuda con una gorra de Wu Tang Clan. Una veinteañera gordita corría, medio ahogada y descalza, por la playa con el firme propósito de también tomar el sol en bikini cuando llegase un verano que se acerca como los sovieticos a Berlín, sin dejar rincones para el frío.

Después, esa tarde, dos misioneros mormones llamaron a mi puerta y me dijeron que tenían un mensaje de Dios para mí. Demasiado tarde. <
// Viernes, 5 de Marzo de 2004 //
> Los retornos

Viajar es contra natura. Mi cuerpo frente a esta pantalla, mi cabeza en Château d\'Eau, bebiendo té en un destartalado cafetín de turcos y leyendo un libro de poesía goliardica.

Nada hoy. No estar allí, no estar aquí. <
// Jueves, 26 de Febrero de 2004 //
> Los mapas

Calculo las distancias, las paradas de metro, las referencias desde los lugares que conozco sobre un plano de París. Todo, los bulevares, las tiendas, los bistros, las placas de los partisanos caídos, se reduce a unas estrechas líneas, pequeños logos y minúsculas marcas de colores.

Mañana andaré por ese plano. Reducido yo también a algo tan insignificante que ni siquiera aparece en los mapas. <
// Lunes, 23 de Febrero de 2004 //
> Las coordenadas

El empleado de una funeraria entrega restos humanos en el control del crematorio. Es domingo y llueve justo cuando el sol empieza a caer. El chico de la ventanilla nos entrega un pequeño bolso con la urna funeraria. Una familia llora a nuestro lado. Un trabajador del cementerio tira en la parte de atrás de una furgoneta mojada lo que queda de una marchita corona de flores.

Los grupos de adolescentes se pasean por el centro comercial, miran la cartelera, corren tratando de llamar la atención de las chicas. Las parejas se paran ante los escaparates de muebles. La gente sale de los cines y se sienta en los bares. Alguien pasa andando rápido mientras habla por un móvil, llega a una mesa, abraza y besa a una chica gordita. La felicidad, la normalidad o la tristeza es matematizable en sencillas coordenadas geográficas. <
// Viernes, 20 de Febrero de 2004 //
> El sueño

Anoche llegué muy cansado a casa y me acosté pronto. No recuerdo lo que he soñado, solo la sensación de que ha sido algo agradable y relacionado con mi barrio.

Como ocurre con los libros leídos hace años, de la vida se recuerdan retazos de la trama y un regusto extraño que supera la simple percepción sensorial. El cuerpo no importa. Nosotros tampoco. <
// Martes, 17 de Febrero de 2004 //
> La imagen pública

Vi la televisión un momento. En un programa de debate entrevistaban a gente por la calle y una señora dió su opinión sobre un tema del que se notaba que no entendía ni palabra, logrando tan solo hilvanar un par de tópicos poco afortunados. Tras esas generalidades, preguntó que dónde salía la entrevista y la fecha de emisión.

Supongo que la emocionada señora llamaría luego a familiares y amigos comunicándoles su escueto debut televisivo. Todos serían felices de verla en las pantallas; y nadie de ellos pensaría que, en realidad, esa mujer no tenía nada que decir. Nada, de hecho, es su mensaje. <
// Lunes, 16 de Febrero de 2004 //
> El conocimiento

Ahora sé que aquella noche fui muy feliz mientras dejaba atrás la rue Sainte-Anne y escuchaba a un tipo que me cayó mal desde el primer momento. No puedo recordar muchos detalles, ni qué había hecho antes ni qué hice después; solo percibo ahora que era feliz.

Dura maldición la de la memoria y sus retardados tempos. <
// Viernes, 13 de Febrero de 2004 //
> Las decisiones

Tengo una historia rondándome la cabeza pero me parece tan triste que no quiero escribirla hoy. Temo que alguien la lea y unas líneas acaben con la pequeña gloria de ser viernes.

Nadie necesita mi historia. Ni yo mismo. <
// Martes, 10 de Febrero de 2004 //
> Los niveles

Acabo de comprar hinojos en un puesto callejero, me como un pequeño trozo y veo los montes, la tierra, las piedras, todo lo que no me rodea. Veo las cañadas de Arroyo Hondo y los limonares de Mosquera.

El balance de lo que nunca tuve y he perdido. <
// Lunes, 9 de Febrero de 2004 //
> El año

Un año y tres días desde el inicio de este log.

Nada de lo que arrepentirse, ni de lo que estar orgulloso. Solo tiempo de los humanos. <
// Miércoles, 4 de Febrero de 2004 //
> La vuelta

Las horas de duelo y la extrañeza de los muertos. Las cajas de zumo y las botellas de agua junto a la cama de los enfermos. La fatiga de los hospitales. El cansancio del tiempo y la otredad de lo cotidiano.

Cuando salgo del cementerio camino de la ciudad miro los coches por la autovía, los campos, el ajetreo de los polígonos industriales, el aeropuerto a lo lejos. Poco a poco volvemos a ser seres sociales, recuperándonos de nosotros mismos, imparables y abocados, como Janis Joplin cantando Me And Bobby Mcgee. <
// Jueves, 29 de Enero de 2004 //
> El cansancio

Elisa se queda dormida en el sofá como si fuera una niña pequeña. Le doy un beso en la cabeza y le digo que se tiene que acostar. La levanto medio dormida y la llevo a la cama.

Mantener las costumbres, obligarnos al orden, expulsar la desidia; daría lo mismo que pasara la noche en el sofá, hecha un ovillo frente a la estufa. <
// Martes, 20 de Enero de 2004 //
> La comunicación

Alguien que no conozco me escribe un mail escueto para decirme que ha llegado a esta web y que le gustan mis textos. Yo respondo y le doy las gracias en un corto mensaje mientras escucho a Dizzy Gillespie interpretando Fiesta Mojo.

Por un momento, el mundo se atiene feliz a los manuales de semiótica; un mensaje, un canal, emisor, receptor y contexto. No hay variaciones por las que preocuparse en este lapso del tiempo. <
// Viernes, 16 de Enero de 2004 //
> Las franjas horarias

Allí aún era viernes, en mi casa habría llegado el sábado hacía pocos minutos. Celebraban una boda en el hotel y la alegría de los invitados me resultaba tan lejana como las imágenes de los noticiarios que veía en las cadenas por satélite de mi habitación.

Las personas se cruzan por mitad de lugares ajenos, en paisajes cuyos nombres no todos conocen. <
// Jueves, 15 de Enero de 2004 //
> Los sistemas

La BBC Symphony Orchestra interpretará por primera vez en Inglaterra la versión orquestal de 4’33’’, una obra de John Cage consistente en tres movimientos cuyo único protagonista es el más completo de los silencios durante cerca de los cinco minutos que dura la obra. Nada más se oye, ningún instrumento ni ruido intencionado puede romper este concepto. Cinco minutos de ausencia consciente.

El miedo a lo no planificado, al azar, al imprevisto, es un lobo que nos muerde los intestinos desde siempre. Para unos seres como los humanos que han basado la supervivencia en la capacidad de análisis y anticipación, la llegada de la casuística es la peor de las noticias. La BBC tiene entre sus redes de emisión un sistema que localiza cualquier corte de audio y lo tapa con una nueva transmisión prefijada. Para que 4’33’’ salga al aire desde las antenas de la BBC, tendrán que anular este método de control de desastres radiofónicos; me imagino a los técnicos de sonido tras sus mesas de control con las mismas caras de tensión que cuando el viejo Capitan Kirk ordenaba bajar los escudos deflectores en mitad de un ataque klingon. Tan solo John Cage sabe cuál es la estrategia y todos os demás rezarán para que no pase nada. <
// Lunes, 12 de Enero de 2004 //
> La calle

El señor Yoshihara está de pie en una calle. Pasa una bicicleta, hay una entrada de garaje y una tienda azulada. El siete de agosto de hace cincuenta y ocho años, el señor Yoshihara vio los cuerpos carbonizados de una mujer y una pequeña niña junto a la acera. Miró los cadáveres un momento y luego se alejó.

Toda la vida se ha preguntado por qué no espero un poco más para saber si eran su madre y su hermana. <
// Martes, 16 de Diciembre de 2003 //
> La identidad

Me piden una foto mía para City y no termino de plantearme cómo hacerla. He pensado en varias opciones pero no me aclaro qué debe mostrar de mí una fotografía; si adoptar una pose cómica o tipo pasaporte búlgaro, si hacer la toma de la cara o de un pie, si mandarles una radiografía o un dibujo. No sé quién quiero ser.

Una fotografía propia implica siempre aceptar algo que no nos es ajeno pero tampoco es la masa de pensamiento que nos conforma. Las cámaras confirman que no somos más que unos trozos de tiempo; perdidos los que te conocen, la foto es solo un vestigio vago. <
// Miércoles, 10 de Diciembre de 2003 //
> El baile

En mi casa no ha habido maletas nunca: cuando mi familia tenía que cambiar de lugar, siempre lo hacía lo bastante perseguida como para no detenerse en menudencias. El viaje era algo que no entraba en nuestras cabezas e incluso a la mía, actualmente, le cuesta bastante aceptarlo; no hay viaje en que no lleve más tranquilizantes que ropa. La única maleta que hubo como tal en mi casa fue una especie de bolso grande que compramos una vez que mi padre tuvo que ir a trabajar a Extremadura por algunos días. Es una maleta triste de plastico duro, imitando piel, de un color marrón cansino. Yo usé esa maleta en mi primer viaje a Madrid. Recuerdo que llevando la maleta me vi reflejado en un cristal, con una larga gabardina manchada por la lluvia, la cabeza medio rapada y un plano del Metro en la mano. Daba la impresión de que estaba tratando de escapar de la República Democrática Alemana en el año 68.

Luego ya he tenido otras maletas, hace tres semanas me compré la última. Es un trolley fabricado en China y me costó diez euros en la tienda de un marroquí que vende desde productos de limpieza hasta un Santa Klaus que baila al son de Jingle Bells. En mis tres últimos viajes he tenido problemas para localizar mi maleta en la cinta del aeropuerto; todo el mundo ha comprado estos trolleys de imitación. Pasando de puerto en puerto, de avión a avión, en autobuses de provincias con olor a sudor y atestados trenes de cercanías,constantemente hay un anillo de maletas baratas volando alrededor de la Tierra, como un cinturón de asteroides que rodeara el planeta, en un inacabable vals. <
// Jueves, 4 de Diciembre de 2003 //
> El futuro

Mañana volaré a una ciudad en la que no he estado nunca. Por internet he visto imágenes de las avenidas, del hotel donde me voy a alojar, callejeros y horarios de trenes de cercanías. Sé que ninguna de esas atisbaciones resistirá la visión directa o el contacto real. El espacio no es substituible por acercamientos toscos de cámara fotográfica ni por otro tipo de textos. De esa ciudad la única referencia que tengo es que la fundo Gneus Scipio durante la Segunda Guerra Púnica y que fue la capital de la Hispania Citerior, pero supongo que no voy a encontrar las Legiones rompiendo filas en el campo de Marte. Decepciones de filólogo.

La imagen de los libros de texto, esa suerte de ambiente acartonado y somnoliento que nos dejó la enseñanza, se deshace como los hielos en un vaso a medida que el taxi avanza hacia el hotel. <
// Martes, 2 de Diciembre de 2003 //
> Las distancias

Hablé ayer con una amiga que está en Washington y me decía que estaba saliendo felizmente con alguien de Timor Oriental. Hace escasos años compartimos bloque, comida e innumerables momentos dignos de una telecomedia. Es posible que mi amiga se vaya a un sitio que soy incapaz de localizar en un mapa, al otro lado del planeta.

A veces, cuando estábamos parados dentro del coche en un semáforo, mi padre observaba lentamente cruzar a alguien por el paso de peatones y decía “a ese hombre hace cuarenta años que no lo veía”. A mí me parecía algo que no me iba a ocurrir nunca. <
// Lunes, 24 de Noviembre de 2003 //
> Las retiradas

Miré a un montón de chicas muy jóvenes intentando entrar a una discoteca de moda, vestidas con ropas de baratillo y tiendas de barrio, en una competencia triste por ser la más provocativa. Me imagino que esa exuberancia de la carne implicaría entradas gratuitas o la amistad de algún barman de medio pelo, algo que se presentaría para ellas como una forma de sentirse distintas, fuera por un rato de bloques populosos, aburridos centros de enseñanza o trabajos eventuales mal pagados. Cuando pasaban, los chicos las miraban sin querer encontrar más que lo que ellas estaban ofreciendo. Me complací al pensar que el negocio funcionaba, que nadie esperaba más que lo que se observaba a simple vista o lo que se exponía.

Imaginé a esas chicas horas más tarde, volviendo al barrio, ojerosas y con ese frío de los amaneceres en los que no ha ocurrido nada nuevo, acurrucadas en los asientos traseros de los coches, en autobuses conducidos por tipos que esperan no ver nunca a una de sus hijas vestidas así. La peor retirada no es la que implica la derrota, sino aquella en la que ni se ha vislumbrado al enemigo. <
// Miércoles, 19 de Noviembre de 2003 //
> Las confusiones

Acabé el libro que estaba leyendo, La carretera roja de David González, en mitad de un vuelo de Iberia entre Lisboa y Barajas. Sentí esa incomodidad de no saber qué hacer en un lugar donde no puedes hacer nada y acabé leyendo, en un ajado ejemplar de esas correctas revistas que editan las compañías aéreas, cómo organizar un viaje a una isla de la Micronesia a la que no hay escopolamina suficiente para que yo llegué. Terminado también este artículo y la hoja plastificada con las instrucciones en caso de aterrizaje de emergencia, me acordé de que había comprado en Lisboa dos revistas de cocina.

La azafata se acercó con su carrito al poco rato y, al verme leer la revista portuguesa, me preguntó en inglés qué quería tomar. Después de varios días en el Ribatejo y la cabeza un poco aturdida de la biodramina, le contesté automaticamente que quería "cha preto e bolachas", ella lo medio entendió, me sirvió y dijo en un dificultoso portugués que lo sentía pero no tenía ningún tipo más de galletas para que eligiera. Me dio apuro contestar en castellano después del malentendido y le respondí también en portugués que todo estaba bien. Cuando salía del avión tras el aterrizaje, ella se despidió diciéndome al pasar: " Bem-vindo. Boa tarda". Y yo le sonreí estúpidamente mientras decía "Obrigado". Para qué aclarar nada. <
// Martes, 18 de Noviembre de 2003 //
> Las curvas

He viajado por caminos que no conocía, por sitios en los que era incapaz de predecir qué había detrás de cada curva. He mirado por la ventanilla del coche, del avión, con una desinteresada curiosidad, esperando ver algo que recordara para siempre, que me hiciera olvidar el viaje por un momento.
Las horas son así, como las curvas en carreteras que no hemos pisado nunca. <
// Lunes, 10 de Noviembre de 2003 //
> El paisaje

Viajo con la sensación de que todo me es ajeno. No hay miedo ni ansiedad, sino una sensación de que el paisaje nos supera sin conmoverse. Vi una montaña que habría visto miles de veces, densa y oscura, vi las laderas, los sonidos de los cazadores, las luces de las gasolineras o las formas difusas de los árboles en la noche. Supe que nadie estaba ahí, en el paisaje, que no somos más que memorias deshechas.

Hace treinta años, una tarde dejé un par de juguetes sobre el capó del coche de mi padre, arrancamos sin reparar en ellos y se perdió para siempre una pequeña excavadora amarilla de plastico barato. Lloré mucho rato y decía mi madre que igual la encontraba otro niño y jugaba con ella. Me he acordado muchas veces de aquella excavadora, si algún otro niño contará, treinta años después, la otra parte de la historia, que un día encontró una excavadora de juguete en una cuneta, o seguirá oculta y abandonada en mitad del paisaje cuando yo ya no me acuerde de ella. <
// Viernes, 7 de Noviembre de 2003 //
> La oportunidad

Acompañé a un amigo al supermercado para comprar pan a una hora que, obviamente, ya no había. Como nosotros, vi a algunos otros tipos que apuraban los últimos minutos de la tarde; pack de cervezas, pizza congelada, pan de molde y queso barato en lonchas.

Lo suficiente para olvidar un día más. <
// Martes, 4 de Noviembre de 2003 //
> Las felicidades

Felicitar a mi madre. Ahora hace treinta y seis años que le abrieron la barriga para que yo saliera. Mi padre se bebió un litro de coñac para celebrarlo. Mi padre está muerto y mi madre vive sola en un pequeño piso en el que no puedo estar más de hora y media sin llorar.

Mi cabeza piensa hoy en máquinas para no hacerse daño. <
// Lunes, 3 de Noviembre de 2003 //
> La vuelta

Pocas ganas de escribir y menos de pensar. Tras unos días alejado de los humanos, un mail de Biguri me devuelve al log. Me he acordado de Bilbao, de Zazpi Kaleak, de la ría de un color no terráqueo, de la voz de Maurizia cantando en mi walkman o del dulce meneo del tren mientras sonaba Begi nini niminoa de Tapia eta Leturia, y del asco que me dio cuando vi hace poco que el Bilbao que yo guardaba en la cabeza, lleno de inspiradoras fábricas abandonadas, de pedazos oxidados que hablaban de obreros en los años sesenta saliendo por los grandes portones de las acerías, de la canción angulosa de Lotte Lenya, se había convertido en un escenario para que encajara el Guggenheim.

Pienso en la memoria que se destruye, fuera y dentro de nosotros, en cómo nos borramos. <
// Viernes, 24 de Octubre de 2003 //
> La identidad

Escribir lo importante o describir la futilidad. Esa ha sido la decisión de una semana extraña y llena de angustiosas minucias. El piso de mi madre ha sido embargado a su dueño y se va a subastar, incluso con mi madre dentro. La sensación es notar que una parte enorme de la memoria ha dejado de pertenecernos, que de nuevo jueces y abogados, gentes que ni nos han visto, decidirán sobre lo que no conocen. Ningún juez recordará a mi madre y mi abuela atareadas en esa cocina, ni reconocería las voces de los que han vivido con nosotros, ni el sonido de cada puerta y cada llave. He visto a mi madre más frágil y he sentido otra vez la impotencia de la pobreza que habita en nosotros.

Escuché mi voz desde unas viejas cintas que encontré en la casa de mi madre. La idea de que nada de esto me ocurre vive en mi cabeza; no soy yo el que tiene una citación judicial en la mano, no soy yo el que vomita por la mañana, no soy yo el que siempre amanece con frío ni al que el sollozo se le escapa con una simple foto o al escribir esto. El asedio de lo cercano es la peor de las prisiones. <
// Lunes, 20 de Octubre de 2003 //
> Otra persona

El cuidado capítulo de los días que no me pertenecen, de las horas que deberían no ser mías, de los acontecimientos que preferiría ver de lejos. A veces, el cuerpo y la cabeza son como aquella locomotora de Runaway Train, un motor sombrío sin ánimos de detener la huida.

De nuevo el sabor del bromazepam y las ganas de vomitar cada mañana. Pocas cosas me salvan, quizá solo el esperar que llegue la lejanía y los pequeños abrazos de Elisa. Como habría pensado el General Kuribayashi Tadamichi, las órdenes son resistir. <
// Martes, 14 de Octubre de 2003 //
> Mátalo

Haber estado allí y haber gritado hasta quedar ronco, haberme dejado la voz gritando "Ali, boomba-ye, Ali, boomba-ye, Ali, boomba-ye". Vi las imágenes de Muhammad Ali arrastrando sus pies lentos por el cuadrilátero, temblándole los puños levantados en una imaginaria defensa. Los que decían que Ali era un payaso mentían, el dolor los muerda; los payasos desaparecen ante rivales como este. Sé que si el Parkinson fuera un contrincante como Foreman, esos pasos inseguros o esos brazos lentos y aturdidos no serían más que una estrategia. Tres asaltos antes del final, el gigante Ali saldría de su personaje y destrozaría al contrincante.

Muhammad Ali tiene el Sindrome de Parkinson y a mí me hubiera gustado estar en Frankfurt para tronar "Ali, boomba-ye" como pidiendo venganza al Más Grande por la muerte de los inocentes. <
// Jueves, 9 de Octubre de 2003 //
> Las fechas

Hoy hace un año que me juzgaron por un delito que no cometí, como le ocurrió también al Equipo A. Después de tantos meses, no consigo identificarme con la persona que sufrió todo aquello, aunque sea yo mismo; es difícil sentarse solo en un banquillo de los acusados, o aguantar la sensación de que, de pronto, parte de tu vida no depende de ti. De la mañana que me juzgaron retengo escasos detalles, tan solo que mientras escuchaba declarar a alguien, yo calculaba que el tiempo iba pasando y que pronto acabaría el juicio. Lo que más claramente recuerdo es que salí de mi casa camino al juzgado acompañado de Elisa e Isabel, después de haber escuchado un pieza de txalaparta.

Desde entonces me ha quedado un sabor amargo en el alma. Ahora sé que no siento respeto por muchas personas que antes pensaba a mi lado, que las leyes viven en otro mundo y que tras tantas noches sin dormir, pastillas, impotencias, odios y decepciones, mi nombre no es más que algo que hay escrito en algún archivo perdido, como el de mi padre cuando le embargaron todo lo que había conseguido a lo largo de su vida o el de mi abuelo cuando tuvo que enfrentarse a las insidias legislativas por haber sido socialista y haber ayudado a esconderse a dos desgraciados que huían de las tropas fascistas. El mundo tiene dos bandos. Siempre. Esa es la clave de la batalla. <
// Martes, 7 de Octubre de 2003 //
> Las prisiones

Un trueno me sacó ayer de la embriaguez de los antihistamínicos. Me levanté del sofá y miré intranquilo a la calle, entreabriendo la persiana como Malcom X en aquella famosa fotografía. La tarde estaba oscurecida por la virulencia de la tormenta, con una densa luz azulada; vi los pisos de enfrente y sus luces encendidas. Pequeñas figuras se observaban a lo lejos tras los cristales de los balcones. Como yo, muchos otros miraban la lluvía como si fuera una cárcel.

Las pequeñas figuras desaparecían al rato de los ventanales, volvían a ver la tele, a hacer la cena, a tareas sin importancia. Cerré la ventana y me dormí viendo un documental de un isla que no sé donde está. <
// Lunes, 6 de Octubre de 2003 //
> Las opciones

¿De qué escribir cuando no se quiere escribir? Podría hablar de que la semana pasada un taxista me dijo que conocía a la familia de mi madre allá en Archidona, de que el sábado vi trabajando de camarero a un chaval de mi barrio del que no sabía nada hace años, o que coincidí con Juanito en la panadería y me contó que se había encontrado a mi primo Andrés en mitad de un cahorro del río Chíllar.

Hablar de lo que te recubre, de lo que no te pasa, de lo que te rodea sin control. Escribir de la casuística, de esas extrañas porciones de espacios y tiempos que nos afectan con un ritmo ajeno, no anotable ni transcribible, tan enervantemente luminoso como Chick Corea tocando Sundance en el atardecer de un domingo que se diluye por el bromazepam. <
// Mi